En Franeker se conserva el planetario mecánico más antiguo del mundo todavía en funcionamiento, el sueño hecho realidad del cardador de lana Eise Eisinga, autodidacta aficionado a la astronomía

Planetario de Eise Eisinga. Fotografía: © Lola Vázquez
Planetario de Eise Eisinga. Fotografía: © Lola Vázquez

El Planetario de Franeker

Hace algunos años, mi buen amigo Rafael Enríquez me habló de un planetario mecánico situado al norte de los Países Bajos. Después de haberlo visitado, me sorprende que no sea un lugar mucho más conocido entre los aficionados a la Astronomía. Sin duda, se trata de uno de los museos más bonitos de Europa para los amantes del cielo.

A 125 km de Ámsterdam y 20 km de Leeuwarden, capital de la provincia neerlandesa de Frisia, se encuentra Franeker, una localidad de 13.000 habitantes vinculada históricamente a la Astronomía por dos razones. La más reciente es la de ser la ciudad natal de Jan Hendrik Oort, famoso por sus estudios de la Vía Láctea y por dar nombre a la región del Sistema Solar de donde proceden los cometas: la nube de Oort, zona remota y helada en los confines de nuestro vecindario cósmico cuya existencia postuló correctamente por primera vez el astrónomo estonio Ernst Öpik. Pero quien ya había puesto a Franeker por derecho propio en la historia de la Astronomía fue Eise Eisinga (1744-1828), un cardador de lana que construyó en su propia casa un modelo mecánico del Sistema Solar que todavía, más de dos siglos después, sigue funcionando a la perfección sin cambios importantes.

Retrato de Eise Eisinga pintado por Willem Bartel van der Kooi en 1827. Fotografía: © Lola Vázquez
Retrato de Eise Eisinga pintado por Willem Bartel van der Kooi en 1827. Fotografía: © Lola Vázquez

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Cuenta la leyenda que el magistrado de Estrasburgo mandó cegar al relojero para evitar que pudiera hacer una obra semejante en otro lugar. Aunque esta historia es un relato sin ninguna base, nos da idea de la maravilla técnica y artística que sigue congregando a miles de visitantes cada año en la catedral de Nuestra Señora de Estrasburgo.

La catedral de Estrasburgo

En pleno corazón de esta hermosa localidad alsaciana se alza la catedral de Notre Dame, incluida junto al centro histórico de la ciudad en el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1988. El templo está consagrado al culto católico de la Virgen María, restablecido desde finales del siglo XVII tras el periodo de culto protestante iniciado en el siglo XVI. Aunque tras el fin de la segunda guerra mundial la ciudad se ha convertido en símbolo de la reconciliación francoalemana y en un importante centro institucional de la Unión Europea, Estrasburgo ha pasado de manos alemanas a francesas y viceversa varias veces a lo largo de su historia.

El templo gótico se construyó entre 1176 y 1439. La fachada resulta impresionante, sobre todo cuando se accede desde la calle Mercière. El pórtico central está dedicado a la Pasión de Cristo y está decorado con escenas de los testamentos. La escultura de la Virgen con el Niño del parteluz recuerda la advocación mariana a la que se dedica la catedral.

Pórtico central de la catedral de Estrasburgo. © Lola Vázquez
Pórtico central de la catedral de Estrasburgo. © Lola Vázquez

En el pórtico norte, a la izquierda del frontispicio, se muestra el triunfo de la virtud sobre el vicio. Más interesante para el aficionado a la astronomía es el portal sur. Además de la representación de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias, encontramos imágenes de los signos zodiacales y las escenas correspondientes a las labores del campo en cada mes.

Representación de signos zodiacales bajo cada estatua. Foto: © Lola Vázquez
Representación de signos zodiacales bajo cada estatua. Foto: © Lola Vázquez

Otra curiosidad astronómica la encontramos en el interior. En una vidriera del lado sur, junto al pie de Judas hay un vitral que permite el paso de la luz. Un rayo de sol que solo durante los equinoccios se proyecta sobre el Crucificado del magnífico púlpito de estilo gótico flamígero creado por Hans Hammer entre 1484 y 1486. Pero la auténtica joya astronómica se encuentra en el brazo sur del crucero, a la derecha del altar mayor.

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En una época en que las cámaras planetarias permiten registrar detalles que antes solo estaban al alcance de observatorios profesionales, llaman la atención las ilustraciones del aficionado francés Étienne Léopold Trouvelot.

Étienne Trouvelot nace en Aisne, al norte de Francia, en 1827. Sus inclinaciones republicanas le hacen volcarse en la política durante su juventud. Poco después del golpe de estado de Luis Napoleón de diciembre de 1851, decide trasladarse con su familia a Estados Unidos en busca de asilo político. En el nuevo país de acogida será recordado, sobre todo, por haber provocado un desastre medioambiental cuyas consecuencias todavía perduran. En efecto, Trouvelot era un gran aficionado a la entomología y se ganaba la vida con la cría de gusanos de seda. En esa época las polillas productoras de seda estaban desapareciendo en Estados Unidos a causa de diversas plagas. Por ello, Trouvelot importó desde Europa huevos de polilla gitana (Lymantria dispar), en un intento por hibridar las dos especies y conseguir una larva que fuera resistente a las plagas y, al mismo tiempo, capaz de producir seda de calidad. La polilla gitana terminó por escapar de la zona delimitada para los experimentos. A pesar de los avisos, las autoridades no fueron conscientes del peligro hasta que fue demasiado tarde. Los intentos por acabar con la especie invasora en Estados Unidos han sido infructuosos y actualmente los daños en los cultivos ascienden a varios cientos de millones de euros cada año.

Tras el incidente, Trouvelot perdió el interés en la entomología y dedicó sus esfuerzos a la astronomía. Parece ser que retomó la afición después de contemplar varias auroras boreales en 1870.

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La aurora boreal dibujada por Étienne Trouvelot. Crédito: University of Michigan Library

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Con una superficie de más de cinco hectáreas, en la Cité de l’Espace se puede visitar el interior de la estación espacial MIR, contemplar un cohete Ariane 5 o subir a una nave Soyuz. También cuenta con un amplio recinto para exposiciones temporales, un cine IMAX en 3D y un planetario digital de última generación.

Con más de 700.000 habitantes en su área metropolitana, Toulouse es la cuarta mayor urbe de Francia después de París, Marsella y Lyon. La ciudad tiene una vinculación histórica con la aeronáutica y el espacio. Durante la primera guerra mundial, su situación alejada del frente la convirtió en el lugar ideal para el desarrollo de la industria aeronáutica. Pierre-Georges Latécoère montó aquí una fábrica de aviones en 1918 con una capacidad de montaje de hasta seis aeronaves cada día. Tras el armisticio, pioneros de la aviación como Jean Mermoz o el conocido escritor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry, comenzaron trabajar con la compañía Aéropostale que realizaba vuelos con envíos postales hacia Dakar y, posteriormente, hasta Sudamérica. Durante la década de los sesenta, cuando Francia se incorporó a la aventura espacial, se decidió instalar en Toulouse el centro técnico y operativo del CNES (Centro Nacional de Estudios Espaciales) desde donde se han controlado en los últimos años los módulos de avituallamiento que se envían a la ISS. En la actualidad, más de 85.000 personas trabajan en el sector aeroespacial en la región, lo que supone la cuarta parte de los puestos de trabajo del sector en Europa, entre las empresas más importantes se encuentra Airbus. Hay dos grandes zonas de la ciudad dedicadas a la aeronáutica, por una parte Aéroconstellation, el mayor centro de fabricación aeroespacial de Europa que ocupa una superficie de 250 hectáreas y, por otro lado, el campus Toulouse Aeroespace Innovation, con 56 hectáreas dedicadas al I+D en este sector. Por ello, no es de extrañar que Toulose fuera el lugar preferido para montar la Cité de l’Espace, un centro que por méritos propios se ha convertido en uno de los lugares de divulgación sobre el espacio y la astronáutica más interesantes del continente europeo.

Vista general de la Cité de l'Espace. Foto: © Lola Vázquez
Vista general de la Cité de l’Espace. Foto: © Lola Vázquez

El centro cuenta con la colaboración de diversas agencias espaciales (CNES y ESA, entre otras), empresas (Airbus, Thales Alenia Space), laboratorios de investigación (OMP, IRAP, CNRS, ONERA), centros educativos y varias universidades (la Universidad Federal de Toulouse Midi-Pyrénées, la Universidad Toulouse III Paul Sabatier) así como grandes escuelas de ingeniería (ISAE-SUPAERO).

En 2012 la Cité de l’Espace renovó buena parte de sus espacios expositivos, actualmente ofrece un enfoque moderno, adaptado y didáctico sin dejar de lado el aspecto lúdico. Desde sus inicios, el centro ha sido testigo permanente de la actualidad espacial y ha realizado seguimientos en directo de un gran número de misiones espaciales: la misión Philae-Rosetta al cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko, la misión New Horizons con destino a Plutón, Curiosity y ExoMars con destino a Marte y, más recientemente, el seguimiento de la misión Proxima del astronauta francés de la ESA Thomas Pesquet recién concluida el pasado mes de mayo.

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Christiaan Huygens interpretó correctamente por primera vez la naturaleza de los anillos de Saturno, descubrió su primer satélite, Titán, e hizo contribuciones notables en matemáticas, óptica y diseño de relojes. En esta entrega recorremos algunos lugares de su vida.

Hofwijck

A pocos metros de la estación de tren de Voorburg, en La Haya, vemos un bonito edificio cúbico del siglo XVII con techo piramidal que destaca sobre el estanque circundante. La fachada aparece decorada con grisallas y llama la atención la armonía del conjunto, rematado por una chimenea cuadrada con elementos de forja. A la casa se accede cruzando un puente decorado con cuatro estatuas de niños que representan las cuatro estaciones. Estamos en Hofwijck, la casa de campo de Constantijn Huygens, padre del astrónomo, físico y matemático Christiaan Huygens.

Entrada a Hofwijck. Foto: © Paco Bellido
Entrada a Hofwijck. Foto: © Paco Bellido

Constantijn (1596-1687) fue un importante hombre de estado, diplomático y secretario de la corte. Pero, como era habitual entre los hombres cultos de la época, también era polifacético: poeta, compositor, intérprete de diversos instrumentos musicales y gran amante del arte. Se considera uno de los poetas más importantes del fecundo Siglo de Oro neerlandés, ya desde joven era capaz de escribir versos tanto en latín como en francés y holandés. Sus conocimientos de arquitectura le permitieron diseñar dos hermosos edificios y un jardín que alcanzó notoriedad.

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La convulsa historia de Grecia durante los primeros años del siglo XIX trajo un nuevo régimen político, la monarquía de Otón I, descendiente de una dinastía alemana originaria de Baviera. El rey Otón reinó desde 1832, cuatro años después de la liberación del país de manos otomanas. En un esfuerzo por modernizar el país surgieron la Universidad Técnica Nacional de Atenas (1836) y la Universidad de Atenas (1837). En 1842 nace el Observatorio Nacional de Atenas (Εθνικό Αστεροσκοπείο Αθηνών), la primera institución de investigación creada en el moderno estado griego. En la actualidad el Observatorio Nacional de Atenas se divide en tres centros, el principal se encuentra en Thissio a poca distancia de la Acrópolis; el de Penteli, donde se conserva el refractor de Newall y el Observatorio de Kryonerion en Corinto.

La Luna sobre el Observatorio Nacional de Atenas. Foto: © Paco Bellido
La Luna sobre el Observatorio Nacional de Atenas. Foto: © Paco Bellido

La colina de las ninfas

El Observatorio Nacional de Atenas se alza sobre la Colina de las Ninfas, una de las siete colinas históricas sobre la que se asienta la ciudad de la Acrópolis y lugar donde transcurre la comedia de Shakespeare El sueño de una noche de verano. Para los aficionados a las curiosidades conviene señalar que no es la única conexión de esta obra con la Astronomía. De hecho, William Herschel bautizó a Titania y Oberón, los dos mayores satélites de Urano que él mismo descubrió en 1852, con los nombres de dos de personajes de esta comedia shakesperiana. La colina fue un santuario en la antigüedad como atestigua una inscripción sobre piedra que se puede ver todavía junto a la entrada del edificio principal. A poca distancia de aquí, en la colina Pnyx, se encuentran los restos de un antiguo observatorio del siglo V antes de nuestra era utilizado por Metón de Atenas, conocido por descubrir el ciclo metónico de 19 años tras los cuales se repiten las mismas fases lunares en las mismas fechas. En este lugar, Metón instaló el heliotropo, un ingenioso instrumento para observar el movimiento del Sol y determinar así la fecha de los solsticios.

Vista del Observatorio Nacional de Atenas desde la Acrópolis. Foto: © Lola Vázquez
Vista del Observatorio Nacional de Atenas desde la Acrópolis. Foto: © Lola Vázquez
Inscripciones en la Colina de las Ninfas. Foto: © Lola Vázquez
Inscripciones en la Colina de las Ninfas. Foto: © Lola Vázquez
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La base del heliotropo de Metón en una fotografía histórica. Fuente: The Pnyx of Athens. K. Kourouniotes y Homer A. Thompson

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