En el Parque de Treptow, a poca distancia del grandilocuente Monumento Conmemorativo a los Soldados Soviéticos levantado en 1949 en Berlín Oriental, se encuentra uno de los observatorios públicos más interesantes de Europa.

Los inicios del observatorio

Friedrich Simon Archenhold (1861-1939) fue un incansable divulgador astronómico nacido en Lichtenau (Westfalia) que cursó estudios de Ciencias Naturales en la Universidad Friedrich Wilhelm (actual Universidad Humboldt) de Berlín. En la universidad trabó amistad con Wilhelm Förster, director del observatorio universitario, quien estaba muy implicado en la popularización del conocimiento científico. Fiel a su naturaleza, en ocasiones extravagante, Archenhold comienza a obsesionarse con la idea de construir el mayor telescopio refractor del mundo durante su etapa como astrónomo en el pequeño Observatorio de Grunewald.

Estamos en 1893 y, tras numerosas dificultades técnicas y financieras, consigue reunir gracias a donaciones privadas los fondos necesarios para la construcción de un impresionante telescopio que, a día de hoy, sigue siendo el refractor móvil más largo del mundo. Atendiendo al diámetro del objetivo, 68 cm, también se sitúa en los puestos de cabeza en el ranking mundial de refractores.

El observatorio de Treptow se debía abrir al público el 1 de mayo de 1896, coincidiendo con la inauguración Gran Exposición Industrial de Berlín, una feria celebrada con motivo del XXV aniversario del nombramiento de la ciudad como capital imperial. Tras las ferias de Londres y París que disfrutaron de un gran éxito, tanto de público como de la crítica, la prensa alemana llevaba tiempo abogando en pos de una gran feria industrial en la capital del país. La muestra supuso un extraordinario escaparate al que asistieron 3780 empresas expositoras distribuidas en 23 áreas temáticas. La feria era todo un espectáculo: un circo exhibía animales tropicales y era posible subirse a un globo aerostático para contemplar las vistas desde el aire. Se crearon reproducciones de los territorios coloniales alemanes en África Oriental, para lo que trajeron a Berlín a 400 nativos para que la impresión fuera más realista. El telescopio de Archenhold era otra más de las atracciones de la feria y una de las más llamativas para el público, sin lugar a dudas.

Postal conmemorativa. Crédito: Wikimedia Commons.
Postal conmemorativa. Crédito: Wikimedia Commons.

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En la segunda mitad del siglo XVII se fundaron algunas de las grandes instituciones astronómicas de Europa. El interés por el estudio de la ciencia, la necesidad de desarrollar los métodos de navegación y la prosperidad alcanzada gracias al comercio fomentaron la competencia astronómica entre Francia e Inglaterra: los observatorios de París y Greenwich son el legado de aquella época. El artículo de hoy está dedicado al Royal Observatory de Greenwich, el lugar donde literalmente el este se encuentra con el oeste.

Entrada al Real Observatorio de Greenwich. Foto: © Paco Bellido

Lo primero que llama la atención al subir el pronunciado camino que conduce al observatorio es la cantidad de visitantes que acuden a Greenwich, es habitual encontrarse con miríadas de japoneses esperando cola para hacerse una foto en el meridiano 0º, niños que corren y un montón de gente que observa con curiosidad los instrumentos para medir el tiempo instalados en el patio central.

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En la amplia rotonda de la Avenue Circulaire del barrio bruselense de Uccle se encuentran el Observatorio Real de Bélgica (KSB-ORB-ROB), el Instituto de Aeronomía Espacial de Bélgica (BIRA-IASB-BISA) y el Real Instituto de Meteorología de Bélgica (KMI-IRM-RMI). Estas instituciones comparten un pasado común pero a lo largo de los años acabaron por independizarse. Junto a la entrada principal se puede ver una escultura del rey Balduino, que fue astrónomo aficionado, dirigiéndose al observatorio.

Estatua del Rey Balduino dirigiéndose al Observatorio. © Paco Bellido
Estatua del Rey Balduino dirigiéndose al Observatorio. © Paco Bellido

En la entrada hay una maqueta de la Tierra y la Luna a escala. La distancia entre ellas también está representada a escala. Este modelo de la Tierra y la Luna forma parte de un enorme modelo del sistema solar a escala 1/40.000.000 que ocupa todo el país y que fue realizado por la Asociación Belga contra la Fibrosis Quística. A esta escala, Plutón se encuentra en la localidad de Florenville, a 147,8 km del observatorio.

El Observatorio Real de Bélgica trabaja en varios campos de investigación: sismología, gravimetría, sistemas de referencia, planetología, astronomía y astrofísica, física solar y meteorología espacial. Desde 1981 se encarga del Sunspot Index Data Center. En Bruselas se reciben, interpretan y difunden las observaciones internacionales del número de manchas solares. Además cuenta con una importante biblioteca científica, la primera biblioteca profesional del país, con interesantes obras históricas de Copérnico, Kepler, Galileo, Newton y Mercator, entre otros.

Entrada al Real Observatorio de Bruselas. Foto: © Paco Bellido
Entrada al Real Observatorio de Bruselas. Foto: © Paco Bellido

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En el Panteón de París, antigua basílica cristiana hoy convertida en templo de la nación, se puede ver en funcionamiento una réplica del famoso experimento de Léon Foucault que demostró sin lugar a dudas la rotación de la Tierra.

Foucault, un médico malogrado

Jean Bernard Léon Foucault nace en París en 1819 en el seno de una familia burguesa. Su padre era un reputado editor y librero conocido por la publicación de una serie de libros de memorias sobre la historia de Francia. A causa de la delicada salud del librero, la familia se traslada a Nantes. Tras la muerte del padre de Foucault en 1829, la madre vuelve a París con el hijo, un niño pequeño para su edad, débil y de salud frágil. En la capital quiere procurarle una educación acorde con su estatus social.

Foucault se matricula en el Collège Stanislas, una prestigiosa institución de educación secundaria donde demuestra ser un estudiante mediocre que necesita el apoyo de un tutor privado. A pesar de sus resultados poco brillantes, el joven Foucault tiene un valioso don: una gran destreza manual que le permite fabricar maquetas de barcos a escala, modelos de telégrafos y máquinas de vapor plenamente funcionales.

Su madre cree que Léon haría bien en aprovechar esta destreza manual con el bisturí, así que en 1839 se matricula en la Facultad de Medicina, pero los lamentos y dolores de los enfermos se tornan algo insoportable para el impresionable joven. Por si fuera poco, la visión de la sangre le provoca una fobia insoportable y pronto renuncia a su carrera de cirujano para disgusto de su madre.

Mientras asiste a la Facultad comienza a interesarse en el arte de la daguerrotipia, precursora de la fotografía, y con Hyppolite Fizeau, un compañero del Collège Stanislas, consigue reducir los tiempos de exposición de las placas de una hora a apenas un minuto gracias al uso del bromuro. Esto les permitirá utilizar la técnica para hacer retratos y para otros usos, por ejemplo en astronomía. Foucault y Fizeau consiguen hacer la primera fotografía del Sol en 1844 a petición de François Arago, secretario de la Academia de Ciencias francesa y director del Observatorio de París.

En la imagen se apreciaba el desvanecimiento del limbo, la imagen resultaba más brillante en el centro que en los bordes, lo que confirmaba las observaciones visuales y permitía echar por tierra la idea del astrónomo holandés Christiaan Huygens que había planteado que el Sol era una bola líquida.

Foucault también introdujo el uso de la daguerrotipia en aplicaciones médicas. Alfred Donné, que había sido su profesor de microscopía en la Facultad de Medicina y a quien lo unía una recíproca devoción, se dedicaba al estudio microscópico de los fluidos corporales. En 1845, publicó un atlas con 80 micrografías, la mayoría realizadas por Foucault.

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Leonardo Ximenes (1716-1786) nació en el seno de una antigua familia de origen español en Trapani, en la costa occidental de Sicilia. Tras asistir a un Colegio Jesuita próximo a su casa toma los hábitos a los quince años, tras el noviciado se hizo matemático, ingeniero hidráulico y civil y astrónomo, llegando a ser uno de los expertos en este campo más respetados de su época. Como ingeniero hidráulico realizó importantes obras: la limpieza del lago Bientina y la construcción del canal de salida del río Arno. Su invención de la válvula hidráulica y de otros instrumentos de medición le permitió medir la velocidad puntual de la corriente. Como ingeniero civil se encargó de la construcción de la vía que une las ciudades de Módena y Pistoia y de la construcción de diversos puentes.

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Busto de Leonardo Ximenes en la entrada del observatorio Ximeniano. Foto: © Lola Vázquez

Hombre de cultura enciclopédica, también fue escritor y miembro de numerosas academias internacionales (Verona, Siena, París, San Petersburgo).

En su faceta de astrónomo se dedicó al estudio de la eclíptica. En este sentido, en 1755 restauró el gnomon de la catedral de Florencia, Santa María del Fiore, realizado por Toscanelli con el que realizará numerosas observaciones. Dicho gnomon ha sido considerado uno de los mayores instrumentos solares de la época moderna hasta la construcción del telescopio McMath del observatorio de Kitt Peak en Arizona.

Ximenes también descubrió la influencia de la Luna sobre las mareas, aunque el hecho de que lo hiciera en una época en la que todavía costaba reconocer el valor de las observaciones científicas hizo que sus trabajos no alcanzaran la repercusión esperada.

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Mirando al cielo. Foto: © TEDx Lucena

El pasado 28 de octubre tuve ocasión de participar en TEDx Lucena en el precioso Palacio de los Condes de Santa Ana.

La vida en la ciudad, los edificios que nos tapan el cielo, la contaminación lumínica nos han alejado del cielo. Desde la ciudad apenas se pueden seguir los ritmos naturales de los astros. La Astronomía es una de las pocas ciencias en las que la contribución de los aficionados es fundamental. Buena parte de los cometas y de los asteroides son descubiertos por aficionados, desde los observatorios profesionales ya no se observan ni la Luna, ni los planetas así que estos campos están ahora en manos de astrónomos amateur. Las nuevas técnicas astrofotográficas nos permiten captar detalles que hace pocos años eran impensables con telescopios no profesionales. Esta charla pretende ser una invitación a levantar la vista al cielo y a disfrutar del sobrecogedor espectáculo celeste.

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El Imperial y Real Museo de Física e Historia Natural, actual Museo de Historia Natural de La Specola, fundado el 21 de febrero de 1775 a instancias del gran-duque Pedro Leopoldo de Lorena, puede presumir de ser uno de los primeros museos de Europa en abrir al público y el primero en ofrecer una imagen integral de la naturaleza en sus distintos aspectos. El encargado de dar forma al museo y de dirigirlo sería el abad Felice Fontana (1730-1805), eminente toxicólogo y estudioso del ojo humano. El nombre de La Specola deriva del hecho de que en este edificio, el Palazzo Torrigiani, a poca distancia del Palazzo Pitti, estuvo el observatorio astronómico del gran duque.

El gran duque adquirió el edificio en 1771, el encargado de la extensa remodelación para su nuevo fin fue el arquitecto e ingeniero Gasparo Paoletti, quien amplió el espacio para dar cabida a las colecciones y creó una pequeña torre octogonal para albergar los instrumentos meteorológicos y el observatorio astronómico. Desde el Torrino, como se conoce a esta estancia, se podía divisar el cielo en todas direcciones gracias a los amplios ventanales. El gran telescopio newtoniano que se puede ver en la actualidad fue construido por el científico e inventor Tito Gonnella (1794–1867), profesor de matemáticas y mecánica en la Accademia di Belle Arti, y se presentó en 1841 con ocasión del Tercer Congreso de Científicos Italianos celebrado en Florencia. El telescopio suponía una innovación en el campo de los telescopios reflectores, Gonnella sustituyó el espejo secundario por un prisma mejorando en torno a un 10 % la luminosidad del instrumento. Gonnella ha pasado a la historia de las matemáticas por ser inventor del planímetro, un ingenioso instrumento que permitía calcular el área de una figura plana irregular dibujada a escala y que recibió una mención honorífica en la Exposición Internacional de Londres de 1862.

Telescopio
Telescopio reflector de Tito Gonella. Foto: Lola Vázquez

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Al lado de la Galería Uffizi, la gran pinacoteca toscana, se alza el imponente Palazzo Castellani, una sólida construcción del siglo XI situada en la margen derecha del Arno que acoge el Museo Galileo, anteriormente conocido como Museo de la Historia de la Ciencia. Las colecciones de instrumentos científicos de esta institución florentina se cuentan entre las más importantes del mundo en su género.

El 10 de junio de 2010, tras dos años de remodelación en los que se montaron nuevas vitrinas herméticas y una novedosa iluminación, el museo volvió a abrir con el nuevo nombre de Museo Galileo. El cambio de nombre, una medida que obedecía a razones de marketing, suscitó cierta polémica entre el personal, pues la labor de esta institución no se limita al trabajo del genial astrónomo toscano. No obstante, la medida demostró ser un éxito pues se pasó de 75.000 visitantes anuales a más de 180.000.

La reinauguración coincidió con el cuarto centenario de la publicación del Sidereus Nuncius, la obra donde Galileo divulgó los descubrimientos astronómicos realizados con su telescopio.

El Palazzo Castellani, sede del Museo Galileo. Foto: © Lola Vázquez
El Palazzo Castellani, sede del Museo Galileo. Foto: © Lola Vázquez

El museo hará las delicias de todo aficionado a la Astronomía, no en vano, del millar de objetos en exposición unos 150 están relacionados con esta ciencia. El Museo Galileo cuenta con numerosos fondos en depósito, en las vitrinas se exponen aproximadamente un tercio de los fondos. Las vitrinas cuentas con descripciones en italiano e inglés. También se dispone de una app gratuita para smartphone y tablet donde se explican 80 piezas destacadas de la colección.Leer más

La joya indiscutible de la catedral de Beauvais es el reloj astronómico fabricado entre 1865 y 1868, uno de los principales reclamos turísticos de esta región francesa.

Beauvais, una ciudad de ensueño

Beauvais, capital del departamento de Oise en la región bautizada recientemente como Norte-Paso de Calais-Picardía, se encuentra a 66 kilómetros de París. Es muy fácil llegar desde una docena de ciudades españolas en vuelo directo gracias al aeropuerto internacional de Beauvais-Tillé. La localidad fue fundada por los romanos en el año 52 antes de nuestra era con el nombre de Caesaromagus (el mercado de César). Fue un importante centro textil en la Edad Media, desde el siglo XII el obispo-conde de Beauvais fue uno de los seis pares eclesiásticos que junto a los seis pares laicos que rendían vasallaje al rey de Francia, a cambio contaban con el privilegio de no ser juzgados más que por el Tribunal de los Pares. El obispo-conde de Beauvais tenía el cometido de entregar el manto real de lises durante la consagración del nuevo rey. Otro personaje histórico local conocido fue Jeanne Hachette, una heroína que impidió la captura de la ciudad por las tropas de Carlos el Temerario, duque de Borgoña y que es, en muchos sentidos, el contrapunto laico a Juana de Arco.

Leprosería de Saint Lazare
Leprosería de Saint Lazare. Foto: Lola Vázquez

En junio de 1940 Beauvais quedó arrasada tras el incendio que siguió a un bombardeo de la Luftwaffe en represalia por la destrucción de una de las ciudades medievales alemanas. El incendio destruyó dos tercios de la ciudad y buena parte del casco histórico. Actualmente solo la Rue du 27 Juin conserva las construcciones medievales originales.

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El próximo sábado 8 de octubre se celebra el Día Internacional de Observación de la Luna. Esta celebración de difusión pública se viene realizando desde 2010 y cuenta con el patrocinio de la misión Lunar Reconnaissance Orbiter, así como el respaldo de la NASA y de centenares de agrupaciones astronómicas de todo el mundo. El objetivo de este día es fomentar la observación, el disfrute y la comprensión de nuestro satélite, así como entender su importancia en la exploración espacial y en las ciencias planetarias. Para ello se escoge un día en que la Luna presenta un aspecto llamativo al telescopio. Mucha gente piensa que la luna llena es el momento ideal para observarla, sin embargo en esta fase la ausencia de sombras hace que no haya contraste y los detalles no se pueden apreciar bien.

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Logotipo del Día Internacional de Observación de la Luna

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