El reloj astronómico de la catedral de Estrasburgo

Cuenta la leyenda que el magistrado de Estrasburgo mandó cegar al relojero para evitar que pudiera hacer una obra semejante en otro lugar. Aunque esta historia es un relato sin ninguna base, nos da idea de la maravilla técnica y artística que sigue congregando a miles de visitantes cada año en la catedral de Nuestra Señora de Estrasburgo.

La catedral de Estrasburgo

En pleno corazón de esta hermosa localidad alsaciana se alza la catedral de Notre Dame, incluida junto al centro histórico de la ciudad en el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1988. El templo está consagrado al culto católico de la Virgen María, restablecido desde finales del siglo XVII tras el periodo de culto protestante iniciado en el siglo XVI. Aunque tras el fin de la segunda guerra mundial la ciudad se ha convertido en símbolo de la reconciliación francoalemana y en un importante centro institucional de la Unión Europea, Estrasburgo ha pasado de manos alemanas a francesas y viceversa varias veces a lo largo de su historia.

El templo gótico se construyó entre 1176 y 1439. La fachada resulta impresionante, sobre todo cuando se accede desde la calle Mercière. El pórtico central está dedicado a la Pasión de Cristo y está decorado con escenas de los testamentos. La escultura de la Virgen con el Niño del parteluz recuerda la advocación mariana a la que se dedica la catedral.

Pórtico central de la catedral de Estrasburgo. © Lola Vázquez
Pórtico central de la catedral de Estrasburgo. © Lola Vázquez

En el pórtico norte, a la izquierda del frontispicio, se muestra el triunfo de la virtud sobre el vicio. Más interesante para el aficionado a la astronomía es el portal sur. Además de la representación de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias, encontramos imágenes de los signos zodiacales y las escenas correspondientes a las labores del campo en cada mes.

Representación de signos zodiacales bajo cada estatua. Foto: © Lola Vázquez
Representación de signos zodiacales bajo cada estatua. Foto: © Lola Vázquez

Otra curiosidad astronómica la encontramos en el interior. En una vidriera del lado sur, junto al pie de Judas hay un vitral que permite el paso de la luz. Un rayo de sol que solo durante los equinoccios se proyecta sobre el Crucificado del magnífico púlpito de estilo gótico flamígero creado por Hans Hammer entre 1484 y 1486. Pero la auténtica joya astronómica se encuentra en el brazo sur del crucero, a la derecha del altar mayor.

Los tres relojes astronómicos

Durante buena parte de la historia, las horas de la liturgia se determinaban con relojes de sol, clepsidras y relojes de arena. A finales del siglo XIII empiezan a popularizarse por las iglesias europeas los relojes mecánicos que, en un principio son accionados por la fuerza del agua. Poco a poco se impondrá el uso de las pesas para mantener el movimiento. Estos primeros relojes son motivo de orgullo para los habitantes de las ciudades y empiezan a ser habituales grandes relojes monumentales en las principales urbes.

El reloj de los Reyes Magos

Estrasburgo fue una de las primeras ciudades en encargar un gran reloj monumental. La construcción del primer reloj de la catedral tuvo lugar entre 1352 y 1354. El instrumento, de doce metros de altura y autor desconocido, se encontraba en el muro occidental del brazo sur del crucero. En la actualidad todavía se pueden ver sobre la pared los restos de los anclajes que sujetaban el aparato.

Ubicación original del primer reloj astronómico de la catedral. Foto: © Lola Vázquez
Ubicación original del primer reloj astronómico de la catedral. Foto: © Lola Vázquez

El primitivo reloj constaba de un calendario, un astrolabio y una estatua de la Virgen con el Niño. Cada hora, los Reyes Magos se inclinaban frente a la Sagrada Familia al ritmo de una melodía y un gallo cantaba y movía las alas. El gallo se exhibe actualmente en el Museo de Artes Decorativas de Estrasburgo, ubicado en el Palacio Rohan, justo al lado de la Catedral y es la máquina autómata más antigua que se conserva en Occidente.

El gallo del reloj de los Reyes Magos, el autómata más antiguo de Occidente, en el Museo de Artes Decorativas de Estrasburgo. Foto: © Lola Vázquez
El gallo del reloj de los Reyes Magos, el autómata más antiguo de Occidente, en el Museo de Artes Decorativas de Estrasburgo. Foto: © Lola Vázquez

A principios del siglo XVI el reloj dejó de funcionar por culpa de la oxidación de la maquinaria, en un primer momento se decidió restaurarlo pero, en vista del deterioro tan grave que sufría el mecanismo, se optó por construir uno nuevo.

En junio de 2015 se instaló en el lugar donde se encontraba el reloj de los Reyes Magos un tondo en vidrio de la artista Sylvie Lander titulado Ex Tempore. La obra hace referencia al final de los tiempos cuando, según la teología cristiana, Cristo volverá a juzgar a vivos y muertos.

El reloj del siglo XVI

El segundo reloj, cuya construcción se inicia en 1547, nace a partir de las ideas de Chrétien Herlin, astrónomo y profesor de matemáticas, con la ayuda del médico Michel Herr y del teólogo Nicolas Prugner, quienes también eran buenos matemáticos. El arquitecto de la catedral, Bernard Nonnenmacher, inició la construcción en piedra del recinto para el reloj, pero en 1548 la catedral protestante pasa al culto católico y se pierde el interés en el reloj.

En 1559 la catedral vuelve a manos protestantes y se reanuda el proyecto, aunque se tarda bastante tiempo en encontrar una persona capacitada para encargarse de la obra. Finalmente, en 1571 el elegido será Konrad Rauhfuss (1531-1601), más conocido como Dasypodius, teólogo, experto en griego clásico y profesor de matemáticas de la Universidad de Estrasburgo. Dasypodius creó buena parte de los engranajes del reloj tomando como punto de partida los planos que Herlin había diseñado hacía unos veinte años. El detalle del reloj está recogido en su obra Heron Mechanicus, publicada en 1580. Dos artesanos relojeros de Schaffhausen, Isaac Habrecht y su hermano Josias, se encargaron de la construcción del mecanismo. Dasypodius también contó con la ayuda de su amigo David Wolckenstein, astrónomo y músico de Breslau, que incluyó tres esferas situadas en la puerta sur de la catedral que mostraban la hora solar aparente, la altura y declinación del sol y las horas de salida y puesta de sol.

Heron Mechanicus de Dasypodius.
Heron Mechanicus de Dasypodius.

Buena parte de las esferas astronómicas del reloj de 1574 se conservan en el Museo de Artes Decorativas, entre ellas el globo celeste que muestra 48 constelaciones y las 1022 estrellas del Almagesto de Tolomeo. El análisis actual ha permitido determinar que el error en la rotación sidérea del globo es de solo dos segundos al año, lo que nos da idea de la precisión alcanzada por el mecanismo. En el museo también se pueden ver las pinturas de los eclipses de sol y luna para los años 1613-1649 y 1670-1699.

Detalles de los eclipses de Sol y Luna visibles desde Estrasburgo. Museo de Artes Decorativas de Estrasburgo. Foto: © Lola Vázquez
Detalles de los eclipses de Sol y Luna visibles desde Estrasburgo. Museo de Artes Decorativas de Estrasburgo. Foto: © Lola Vázquez

La gran esfera del calendario, de 2,92 metros de diámetro dispone de un anillo para las fechas de 30 cm de anchura dividido en 366 intervalos. Cada uno de ellos mostraba el día del mes, la letra dominical (un método para determinar el día de la semana de una fecha determinada) y el nombre del santo del día. Un astrolabio geocéntrico con el cielo visible desde Estrasburgo mostraba los movimientos del Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos en la fecha. Un calendario perpetuo mostraba las fechas de las fiestas religiosas para un período de 100 años.

Plano del diseño original.
Plano del diseño original.

El reloj del siglo XVI también tenía un gallo que cantaba y movía las alas de forma automática cada mediodía, pero un rayo lo alcanzó en 1640 y después de este accidente se hacía funcionar a mano solo en ocasiones especiales. Bajo el gallo, los hermanos Habrecht instalaron un carillón con 10 campanas que permitía interpretar seis melodías diferentes.

El reloj de Herlin y Dasypodius, que seguía el calendario juliano, dejó de ser útil tras la reforma gregoriana del calendario de 1582. En 1788, un año antes de la Revolución francesa, el reloj dejó de funcionar por culpa del desgaste de las ruedas dentadas.

La renovación de Schwilgué

Cuentan que a finales del siglo XVIII un bedel de la catedral enseñaba el reloj parado a un grupo de visitantes y les explicó que el mecanismo era tan ingenioso que nunca nadie sería capaz de volver a ponerlo en marcha. En medio del grupo se alzó la voz de un niño que aseguró a los presentes que él lo haría funcionar de nuevo. Ese niño era Jean-Baptiste Schwilgué (1776-1856), un autodidacta que dedicó su vida a adquirir los conocimientos necesarios para acometer la ingente tarea de volver a poner en marcha el reloj astronómico. Tras hacerse ingeniero mecánico, a la edad de 61 años se le encarga la renovación del mecanismo.

Jean Baptiste Schwilgué. Crédito: Wikimedia Commons
Jean Baptiste Schwilgué. Crédito: Wikimedia Commons

Los trabajos de reparación tuvieron lugar de 1838 a 1842, aprovechando el recinto en piedra del reloj anterior y con la ayuda de treinta obreros. Schwilgué tenía en proyecto un armario completamente nuevo, acristalado en su mayor parte para poder ver el mecanismo interior del reloj. El coste del armario de cristal superaba con creces lo que la ciudad estaba dispuesta a pagar, así que se optó por adaptar el recinto renacentista con maquinaria nueva. Gracias a esto se han conservado las pinturas originales de Stimmer y parte del reloj del siglo XVI.

El reloj astronómico de Estrasburgo. Foto: © Lola Vázquez
El reloj astronómico de Estrasburgo. Foto: © Lola Vázquez

El mueble del reloj consta de varios pisos y alcanza los 18 metros de altura. En el piso inferior, de unos cuatro metros de altura, encontramos a la izquierda una vitrina con los indicadores del cálculo eclesiástico. Los cálculos se realizan la noche del 31 de diciembre de cada año, a diferencia de su predecesor que indicaba los datos para el período de un siglo. Además de la fecha, podemos ver el número áureo, la indicción romana, la letra dominical, la epacta y la fecha del Domingo de Pascua. En realidad, la determinación de la Pascua era muy sencilla según las reglas establecidas en el Concilio de Nicea de 325, pero la reforma del calendario supuso una notable complicación para el cálculo. Schwilgué fue el primero en calcular mecánicamente el problema con un prototipo ideado en 1816.

Diales del cómputo eclesiástico. Foto: © Lola Vázquez
Diales del cómputo eclesiástico. Foto: © Lola Vázquez

En el lado derecho, en otra vitrina de aspecto similar, se encuentra el mecanismo de las ecuaciones solar y lunar, que permite ajustar con precisión la posición de las manecillas correspondientes a la posición del Sol y de la Luna en la esfera central, teniendo en cuenta las irregularidades del movimiento de estos cuerpos celestes.

Marcadores de las ecuaciones solares y lunares. Foto: © Lola Vázquez
Marcadores de las ecuaciones solares y lunares. Foto: © Lola Vázquez

En el centro aparece el dial del tiempo aparente o tiempo solar verdadero, determinado por la duración entre dos pasos del sol por el meridiano local. Como decíamos, dos manecillas indican el movimiento aparente del sol y de la luna. Justo delante se encuentra el globo celeste que reproduce el movimiento de la esfera celeste en torno a la Tierra. Cuenta con más de 5000 estrellas y da la vuelta en el plazo de un día sidéreo, es decir en el lapso de tiempo comprendido entre dos pasos de la misma estrella por el meridiano. Sobre la esfera hay un marcador que indica el tiempo sidéreo. El sistema también reproduce con precisión el lento giro del eje terrestre que tarda unos 25.800 años en dar una vuelta.

Detalle del globo celeste. Foto: © Lola Vázquez
Detalle del globo celeste. Foto: © Lola Vázquez

Una estatua del dios Apolo que sujeta una flecha indica el día actual en el calendario, así como la letra y el santo del día. En este anillo también aparecen marcadas las fiestas religiosas móviles, es decir, las que no tienen una fecha fija y varían cada año, como la Pascua.

El dios Apolo marca el día. Foto: © Lola Vázquez
El dios Apolo marca el día. Foto: © Lola Vázquez

Los días de la semana aparecen indicados por figuras alegóricas sobre un carro: Apolo, para el domingo; Diana para el lunes y seguidamente Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno devorando a su hijo, simbolizando que el tiempo destruye todo.

Carros con las representaciones de los días de la semana. Foto: © Lola Vázquez
Carros con las representaciones de los días de la semana. Foto: © Lola Vázquez

En el segundo piso encontramos una esfera que muestra la posición de los siete astros visibles a simple vista y, encima de esta, un globo que indica la fase actual de la luna. Más arriba se encuentran los carruseles móviles, en el superior está Cristo y los doce apóstoles desfilan delante de él al mediodía. Al paso del cuarto, octavo y último apóstol canta el gallo y bate sus alas. Más abajo un ángel toca una campana cada 15 minutos y otro hace girar un reloj de arena.

Posición de los planetas. Foto: © Lola Vázquez
Posición de los planetas. Foto: © Lola Vázquez

En el lado izquierdo se encuentra la torre que esconde las pesas que hacen funcionar todos los mecanismos.

Merece la pena fijarse en las pinturas que decoran el reloj y en su simbología. Las pinturas evocan otros aspectos del tiempo: el cosmológico, el histórico y el teológico, sin olvidar el inevitable fin al que se dirige la humanidad.

Buena parte de las pinturas corresponden al reloj renacentista. El artífice de la decoración fue el pintor Tobias Stimmer (1539-1584), discípulo de Hans Holbein el Joven. A pesar de haber decorado fachadas y de ser un notable retratista, su obra más importante es, precisamente, el reloj de Estrasburgo.

En las cuatro esquinas que rodean al círculo inferior aparece una representación de los cuatro grandes imperios de la antigüedad: Asiria, Persia, Grecia y Roma. Según la historiografía protestante del siglo XVI, el Sacro Imperio Germánico era la continuación del Imperio Romano, de este modo se establece una genealogía que a la postre debe terminar en el Reino de Dios.

Entre el primer y segundo piso encontramos una serie de seis pinturas que evocan la creación de Eva a partir de una costilla de Adán. Dios, de acuerdo a la costumbre protestante, no aparece representado sino que su nombre se indica en hebreo (הדהי), griego (ΘΕOΣ) y latín (DEVS) el centro de un halo de luz.

Al otro lado hay tres escenas que representan el Juicio Final. En primer lugar el advenimiento triunfal de Cristo como juez supremo; en segundo lugar la resurrección de los muertos y, por último, el Juicio Final.

Alrededor del planetario vemos una representación alegórica de las cuatro estaciones personificadas en las cuatro edades del hombre. Esta tétrada tiene otros significados adicionales: las horas del día (amanecer, mediodía, tarde y noche), los cuatro elementos (aire, tierra, agua y fuego) y las cuatro cualidades de la teoría hipocrática de los humores (sanguíneo, colérico, melancólico y flemático). La serie ilustra de este modo la armonía entre el microcosmos terrestre y su disposición en torno al astrolabio, que representa el macrocosmos, reivindica la unidad del Universo.

En el lateral izquierdo del reloj se puede ver una representación de las Moiras (equivalente griego a las Parcas romanas). De arriba a abajo tenemos a Láquesis que mide la longitud del hilo de la vida; Cloto que dirige dicho hilo y la vieja Átropos que lo corta con unas tijeras.

En la torre de las pesas encontramos de arriba hacia abajo a Urania, musa de la Astronomía; a Nicolás Copérnico, padre del sistema heliocéntrico al que rinde homenaje el reloj y, por último, al propio Jean-Baptiste Schwilgué pintado por Gabriel Guérin en 1843 y que sustituye a un cuadro anterior.

Detalle de la torre de las pesas.Foto: © Lola Vázquez
Detalle de la torre de las pesas.Foto: © Lola Vázquez

El reloj se puede visitar durante el horario de apertura del templo de forma gratuita. Para verlo en funcionamiento sí es necesario sacar una entrada. Las visitas se realizan a las doce del mediodía (excepto domingos y festivos) y se accede por la puerta sur. Un vídeo en tres idiomas (francés, alemán e inglés) explica los entresijos del mecanismo y, posteriormente, se puede ver el desfile de las figuras mecánicas y el toque de las campanas.

Agradecimientos

Los autores desean expresar su agradecimiento a la Oficina de Turismo de Estrasburgo, en especial a Annie Dumoulin, responsable de prensa, así como a Liliane Bodalo y Manon Aubert de Atout France por las facilidades brindadas durante la visita a Estrasburgo.

Bibliografía

KING, Henry C. Geared to the Stars, the evolution of planetariums, orreries, and astronomical clocks, University of Toronto Press, 1978.

LEHNI, Roger. Strasbourg Cathedral’s Astronomical Clock. Editions La Goélette, 2011.


5 Comentarios

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U-95U-95

Una curiosidad, ¿hay que pagar para entrar a esas catedrales históricas europeas?. No me refiero a pagar para cosas para subir a la torre o ver los museos que pueda haber dentro sino que se pueda entrar libremente si únicamente se quiere ver la nave y como mucho el retablo del altar (y prefiero no meterme en el tema de las fotos)

Paco Bellido

La entrada a la catedral de Estrasburgo es gratuita. En Francia las catedrales son de propiedad estatal, aunque la Iglesia los puede utilizar para fines litúrgicos. Está permitido hacer fotografías. Se puede ver el reloj gratuitamente dentro de la catedral durante el horario de apertura (de 9:30 a 11:15 h y de 14:00 h a 17:45 h). El mediodía local se produce a una hora que el templo está cerrado, así que para ver el reloj en funcionamiento sí hay que pagar entrada y, además, se accede por una puerta lateral.

U-95U-95

La titularidad estatal de las francesas era algo que me sonaba. Gracias, veo entonces que no pasa lo que en tantas de aquí donde hay que pagar (y bastante a veces) aunque sólo se quiera ver la nave central y cobran por fotos (Zamora) o las prohíben directamente (Segovia).

Julián Álvarez-Santullano

Mi calurosa felicitación por tan documentado y bien expuesto Blog.-Espero que en ocasiones futuras, nos deleites con joyas parecidas, de las que todos podamos aprender algo, o recordar lo ya visto anteriormente, pero ahora, más documentado.-
Un cordial saludo

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