Sobre un espolón rocoso de la ribera del Danubio se eleva la abadía de Melk, famosa por haber servido de escenario a El nombre de la rosa, la conocida novela de Umberto Eco. Realmente la novela transcurre en un monasterio inventado por Eco, pero la acción gira en torno a un manuscrito del siglo XIV cuyo autor, Adso de Melk, vivió en el antiguo monasterio benedictino de Melk, destruido durante las invasiones turcas y reconstruido posteriormente en su actual forma barroca. La abadía de Melk es una de las obras cumbres del barroco europeo, obra iniciada en 1702 por Jakob Prandtauer y continuada por Josef Munggenast tras la muerte del primero en 1726.

Abadía de Melk. Foto: © Paco Bellido
Abadía de Melk. Foto: © Paco Bellido

La biblioteca de la abadía es una de las más suntuosas de Austria, cuenta con 85.000 volúmenes y 1.200 manuscritos de los siglos IX al XV. Quizás los objetos más interesantes para los aficionados a la astronomía sean la pareja de globos, uno terrestre y otro celeste, de 1670 obra del cartógrafo veneciano Coronelli. El globo terrestre permite adentrarnos en los conocimientos cartográficos de la época. Se puede ver que el sudeste asiático está representado con mucho más detalle que el área de California y nuevo México. No en vano las rutas comerciales a las islas de las especias eran la base del comercio de la época.

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Anoche la ISS cruzaba el disco lunar en Córdoba. Como suele ser habitual cuando hay un fenómeno astronómico poco frecuente, Murphy hace de las suyas. Anoche no fue la excepción. Pronóstico de la AEMET para las 00 h: cielo completamente cubierto, para las 01 h: cielo poco cubierto. Hasta el último minuto estuve mordiéndome las uñas por la incertidumbre.

He captado en varias ocasiones la ISS delante de la Luna, del Sol o siguiéndola con el telescopio.

La ISS cruza el disco solar. Foto: © Paco Bellido
La ISS cruza el disco solar. Foto: © Paco Bellido

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Una institución al servicio del pueblo

El Observatorio de París nació con vocación pública prácticamente desde sus inicios, el público abarrotaba las conferencias de popularización de la astronomía y otras ciencias que auspiciaban los diferentes directores de la institución, así que se habilitó un gran auditorio.

De 1813 a 1848 el curso gratuito de astronomía de François Arago se convirtió en una apreciada tradición. Su libro Astronomie Populaire fue un gran éxito traducido a numerosas lenguas y creó un gran interés por a la astronomía, incluso fuera de Francia (véase Los planisferios del profesor Garrido, Astronomía 136). El sueño de Arago estaba en sintonía con los ideales ilustrados de su tiempo, deseaba formar un público culto dotado para el debate racional tomando como modelo los movimientos celestes.

Sala museo del Observatorio de París. Foto: © Paco Bellido
Sala museo del Observatorio de París. Foto: © Paco Bellido

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El observatorio de París, del que en 2017 se cumple el 350 aniversario, es el centro de investigación astronómica más antiguo del mundo aún en uso, un enclave que hizo grandes aportaciones a la mecánica celeste y a la astrofísica, que contribuyó al nacimiento de nuevas disciplinas, como la geodesia, y que está íntimamente vinculado al sistema métrico que utilizamos en la actualidad.

Entre el boulevard Arago y la rue Cassini, en cuyo número 6 residió Honoré de Balzac, se alza el Observatorio de París. Una estatua de Urbain Leverrier recibe al visitante que se acerca hasta aquí. Aunque no está incluido en las rutas turísticas habituales de la Ciudad de la Luz, una visita al Observatorio de París dejará un recuerdo inolvidable en los aficionados a la astronomía. Las visitas deben concertarse con varios meses de antelación y tienen aforo limitado. Son tantos los descubrimientos que se han realizado entre estas paredes que uno acaba recorriendo las salas con el respeto reverencial que merece un lugar sagrado en la historia de la ciencia.

Estatua de Urbain Leverrier a la entrada al Observatorio de París. Foto: © Paco Bellido
Estatua de Urbain Leverrier a la entrada al Observatorio de París. Foto: © Paco Bellido

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Las conjunciones planetarias son un bonito espectáculo natural que se repite periódicamente. En ocasiones los planetas pueden llegar a estar muy cerca en el cielo, un efecto de perspectiva desde nuestro punto de vista terrestre. Del 12 al 14 de noviembre de 2017 podremos ver el encuentro de Venus y Júpiter al amanecer, unos tres cuartos de hora antes de la salida del Sol. Los dos planetas más brillantes del cielo nocturno han estado separados por unos 17 minutos de arco, algo así como la mitad del diámetro aparente de la Luna llena. En el encuentro del día 14 además de Venus y Júpiter podrán verse Marte y la Luna por encima de la conjunción.

Así se ha visto desde Córdoba, sobre el Puente Romano de la ciudad, incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO con la Torre de la Calahorra de fondo, justo en el momento en que los planetas estaban más cerca. A las 7:05 horas de la mañana.

Conjunción Venus-Júpiter sobre el Puente Romano de Córdoba. 13 de noviembre de 2017. Foto: © Paco Bellido
Conjunción Venus-Júpiter sobre el Puente Romano de Córdoba. 13 de noviembre de 2017. Foto: © Paco Bellido
Conjunción Venus-Júpiter sobre el Puente Romano de Córdoba. 13 de noviembre de 2017. Foto: © Paco Bellido
Conjunción Venus-Júpiter sobre el Puente Romano de Córdoba. 13 de noviembre de 2017. Foto: © Paco Bellido
Conjunción Venus-Júpiter sobre el Puente Romano de Córdoba. 13 de noviembre de 2017. Foto: © Paco Bellido
Conjunción Venus-Júpiter sobre el Puente Romano de Córdoba. 13 de noviembre de 2017. Foto: © Paco Bellido
Conjunción Venus-Júpiter sobre el Puente Romano de Córdoba. 13 de noviembre de 2017. Foto: © Paco Bellido
Conjunción Venus-Júpiter sobre el Puente Romano de Córdoba. 13 de noviembre de 2017. Foto: © Paco Bellido

A mediados del siglo XIX dos países se disputaban la supremacía en la fabricación de telescopios: los alemanes habían conseguido grandes logros con los refractores, los británicos por su parte apostaban por el reflector. William Herschel, un inglés nacido en Alemania, construyó un enorme reflector de 49,5 pulgadas (125 cm) sin rival en su época.

Pero fue un aficionado irlandés, William Parsons, quien llevando la aperturitis hasta extremos insospechados, construyó el mayor telescopio del mundo: el Leviatán de Parsonstown.

La localidad de Birr en County Offaly está situada casi en el centro geográfico de Irlanda. En la actualidad cuenta con 3.600 habitantes y en sus calles se pueden ver preciosas casas de estilo georgiano. Aquí reside desde 1620 la familia Parsons, condes de Rosse, motivo por el que la ciudad fue conocida durante mucho tiempo como Parsonstown.

Entrada al Castillo de Birr. Foto: © Paco Bellido
Entrada al Castillo de Birr. Foto: © Paco Bellido

El castillo de Birr no se puede visitar, sigue siendo una residencia privada, hoy por hoy es propiedad de William Clere Leonard Brendan Parsons, séptimo conde de Rosse, nacido en 1936. El actual conde ha creado un pequeño museo en el castillo y ha restaurado el telescopio de su tatarabuelo. La visita permite acceder a los jardines de la finca, al telescopio y al museo, que exhibe una interesante colección de instrumental científico.

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