En 1870 Richard A. Proctor publicó Other Worlds than Ours, una obra que trataba un tema muy en boga en la época: la pluralidad de los mundos habitados. En este libro, el astrónomo inglés elucubraba sobre la posibilidad de la existencia de vida en otros planetas del Sistema Solar a la luz de los nuevos datos científicos. El libro tuvo tanto éxito que alcanzó un considerable número de reediciones a lo largo de casi cuatro décadas. Proctor (en Gran Bretaña) y Camille Flammarion (en Francia) fueron los dos grandes divulgadores de la Astronomía de la segunda mitad del siglo XIX. Los dos fueron fervientes defensores de la vida extraterrestre, aunque el inglés renegó de los aliens solo cinco años después de publicar su libro más conocido.

La cuestión de la vida en otros mundos sigue estando de moda. A excepción de algunas lunas de gigantes gaseosos, el Sistema Solar no parece el lugar más idóneo para buscar vida, pero el descubrimiento de los exoplanetas en 1992 ha abierto un nuevo campo de trabajo. El hallazgo de vida en otros planetas supondrá la cura de humildad definitiva para una especie que siempre se consideró la obra cumbre de la Creación. A lo largo de la historia, la Astronomía ha ido derribando, una a una, todas las certezas que nos convencían de ser únicos. Primero descubrimos que el Sol no gira a nuestro alrededor, después que nuestra galaxia era una más entre millones, finalmente que las moléculas básicas para la vida, los ladrillos que componen la materia viva, son ubicuos en el Universo.

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