Además del precioso Observatorio Nacional y del intrigante Mecanismo de Anticítera que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, la capital griega esconde algunos tesoros arqueológicos relacionados con la astronomía que son menos conocidos de lo que en justicia debería corresponderles. Buen ejemplo de ello son los restos de un antiguo observatorio del siglo V antes de nuestra utilizado por Metón de Atenas o el edificio al que dedicamos esta entrada que, si bien es relativamente célebre, tiene un pasado fascinante poco conocido.

A pesar de lo que su nombre pudiera indicar, el ágora romana de Atenas no tiene mucho que ver con los romanos. El término deriva de la época en que se construyó, en torno al siglo I de nuestra era. En esta plaza pública, animada zona comercial y de reunión, se encontraba la Biblioteca de Adriano y la que se considera la estación meteorológica y astronómica más antigua de la historia: el Horologion de Andrónico, también conocido como Torre de los Vientos.

Vista actual de la Torre de los Vientos. Foto: Paco Bellido
Vista actual de la Torre de los Vientos. Foto: Paco Bellido

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La isla sueca de Ven ocupa un importante lugar en la historia de la ciencia por haber acogido el observatorio de Uraniborg, lugar donde el astrónomo danés Tycho Brahe registró con una precisión sin precedentes las posiciones de los planetas. Se puede decir que Uraniborg fue la primera institución científica de Europa. Durante dos décadas fue el punto de encuentro de los científicos y personalidades de la época.

Se puede llegar a la isla de Ven (en danés, Hven) desde Landskrona o Helsinborg en el lado sueco o desde Copenhague en el lado danés. En nuestro caso hicimos el viaje desde Copenhague con el barco Jeppe de la compañía Spar Shipping, que cubre el trayecto en una hora y media. Una anotación para curiosos: Jeppe era el nombre del bufón de Tycho Brahe que se sentaba bajo su mesa durante las comidas y a quien su señor siempre consideró clarividente.

El barco Jeppe que comunica Copenhague con la isla de Ven. Foto: © Paco Bellido
El barco Jeppe que comunica Copenhague con la isla de Ven. Foto: Paco Bellido

La isla de Ven tiene 4,5 kilómetros de largo y 2,6 de ancho. El punto más alto, a 45 metros sobre el nivel del mar se encuentra precisamente en Uraniborg. En Ven residen unos 360 habitantes, cifra que aumenta durante los meses de verano. Hay una fábrica de whisky y el principal cultivo es el trigo ecológico. La mejor forma de recorrer la isla es en bicicleta, tras subir la colina que hay junto al puerto se llega a Vens cykeluthyrning, donde se puede alquilar una de las 1.200 bicicletas que tienen a disposición de los turistas.

Vens cykeluthyrning. Foto: Paco Bellido
Vens cykeluthyrning. Foto: Paco Bellido

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Sobre un espolón rocoso de la ribera del Danubio se eleva la abadía de Melk, famosa por haber servido de escenario a El nombre de la rosa, la conocida novela de Umberto Eco. Realmente la novela transcurre en un monasterio inventado por Eco, pero la acción gira en torno a un manuscrito del siglo XIV cuyo autor, Adso de Melk, vivió en el antiguo monasterio benedictino de Melk, destruido durante las invasiones turcas y reconstruido posteriormente en su actual forma barroca. La abadía de Melk es una de las obras cumbres del barroco europeo, obra iniciada en 1702 por Jakob Prandtauer y continuada por Josef Munggenast tras la muerte del primero en 1726.

Abadía de Melk. Foto: © Paco Bellido
Abadía de Melk. Foto: © Paco Bellido

La biblioteca de la abadía es una de las más suntuosas de Austria, cuenta con 85.000 volúmenes y 1.200 manuscritos de los siglos IX al XV. Quizás los objetos más interesantes para los aficionados a la astronomía sean la pareja de globos, uno terrestre y otro celeste, de 1670 obra del cartógrafo veneciano Coronelli. El globo terrestre permite adentrarnos en los conocimientos cartográficos de la época. Se puede ver que el sudeste asiático está representado con mucho más detalle que el área de California y nuevo México. No en vano las rutas comerciales a las islas de las especias eran la base del comercio de la época.

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Anoche la ISS cruzaba el disco lunar en Córdoba. Como suele ser habitual cuando hay un fenómeno astronómico poco frecuente, Murphy hace de las suyas. Anoche no fue la excepción. Pronóstico de la AEMET para las 00 h: cielo completamente cubierto, para las 01 h: cielo poco cubierto. Hasta el último minuto estuve mordiéndome las uñas por la incertidumbre.

He captado en varias ocasiones la ISS delante de la Luna, del Sol o siguiéndola con el telescopio.

La ISS cruza el disco solar. Foto: © Paco Bellido
La ISS cruza el disco solar. Foto: © Paco Bellido

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Una institución al servicio del pueblo

El Observatorio de París nació con vocación pública prácticamente desde sus inicios, el público abarrotaba las conferencias de popularización de la astronomía y otras ciencias que auspiciaban los diferentes directores de la institución, así que se habilitó un gran auditorio.

De 1813 a 1848 el curso gratuito de astronomía de François Arago se convirtió en una apreciada tradición. Su libro Astronomie Populaire fue un gran éxito traducido a numerosas lenguas y creó un gran interés por a la astronomía, incluso fuera de Francia (véase Los planisferios del profesor Garrido, Astronomía 136). El sueño de Arago estaba en sintonía con los ideales ilustrados de su tiempo, deseaba formar un público culto dotado para el debate racional tomando como modelo los movimientos celestes.

Sala museo del Observatorio de París. Foto: © Paco Bellido
Sala museo del Observatorio de París. Foto: © Paco Bellido

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El observatorio de París, del que en 2017 se cumple el 350 aniversario, es el centro de investigación astronómica más antiguo del mundo aún en uso, un enclave que hizo grandes aportaciones a la mecánica celeste y a la astrofísica, que contribuyó al nacimiento de nuevas disciplinas, como la geodesia, y que está íntimamente vinculado al sistema métrico que utilizamos en la actualidad.

Entre el boulevard Arago y la rue Cassini, en cuyo número 6 residió Honoré de Balzac, se alza el Observatorio de París. Una estatua de Urbain Leverrier recibe al visitante que se acerca hasta aquí. Aunque no está incluido en las rutas turísticas habituales de la Ciudad de la Luz, una visita al Observatorio de París dejará un recuerdo inolvidable en los aficionados a la astronomía. Las visitas deben concertarse con varios meses de antelación y tienen aforo limitado. Son tantos los descubrimientos que se han realizado entre estas paredes que uno acaba recorriendo las salas con el respeto reverencial que merece un lugar sagrado en la historia de la ciencia.

Estatua de Urbain Leverrier a la entrada al Observatorio de París. Foto: © Paco Bellido
Estatua de Urbain Leverrier a la entrada al Observatorio de París. Foto: © Paco Bellido

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