Los daneses presumen de tener el observatorio más antiguo de Europa aún en funcionamiento, la Rundetårn o Torre Redonda, situada en el corazón del Barrio Latino de Copenhague. Aunque en la actualidad sólo se utiliza para sesiones públicas de observación, la Universidad de Copenhague utilizó su telescopio hasta 1861.

Las obras de la Torre Redonda comenzaron en 1637 por orden del rey Christian IV de Dinamarca. Este rey tuvo otro importante papel en la historia de la Astronomía, pues podríamos decir que fue en buena parte responsable del encuentro entre dos gigantes: Tycho Brahe y Johannes Kepler. En efecto, si Christian IV no hubiera retirado su apoyo a Tycho, éste posiblemente nunca hubiera abandonado el observatorio de Uraniborg.

El diseño de la Torre Redonda es obra del arquitecto Hans Steenwinckel, el Joven, uno de los más destacados representantes del Renacimiento flamenco. Otra de sus obras conocidas es el aspecto actual palacio de Kronborg, incluido en la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y más conocido por ser el lugar donde se desarrolla la obra shakesperiana Hamlet.

La Torre Redonda de Copenhague. Foto: Paco Bellido
La Torre Redonda de Copenhague. Foto: Paco Bellido

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El Museo de la Edad Media (Musée National du Moyen Âge) de París es uno de los edificios medievales más bellos del centro de la capital del Sena. En su interior se puede ver el famoso tapiz “La dama y el unicornio”. Sin embargo, pocos visitantes reparan en la torre octogonal situada en el patio de entrada. Aquí nació el Catálogo Messier, posiblemente la lista de objetos más apreciada por los aficionados a la astronomía.

El primer astrónomo que se estableció en la torre fue Joseph-Nicolás Delisle, miembro de la Academia Francesa de Ciencias. Delisle, a pesar de proceder de una familia acomodada, no disponía de una fortuna que le permitiera financiar sus investigaciones. En 1725 su vida dio un giro inesperado cuando fue llamado a San Petersburgo por el zar Pedro el Grande para hacerse cargo de la creación de la escuela de astronomía de la Academia Rusa de Ciencias. A su vuelta a París en 1747, ya rico y famoso, pudo montar su propio observatorio en una torre del Hôtel de Cluny. El Hôtel de Cluny (llamado de Clugny a mediados de siglo XVIII) se alza sobre las ruinas de unas termas romanas del siglo IV, había pertenecido a la orden benedictina y que, posteriormente, pasó a manos de la Marina Francesa. Delisle llegó al acuerdo de ceder el observatorio a la Armada Real a cambio de ser nombrado “Astrónomo de la Marina”.

La torre del Hôtel de Cluny desde la que Messier realizaba sus observaciones. Foto: Paco Bellido
La torre del Hôtel de Cluny desde la que Messier realizaba sus observaciones. Foto: Paco Bellido

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El nacimiento de la Universidad de Estrasburgo

Tras la guerra franco-prusiana de 1870, la ciudad alsaciana de Estrasburgo que se llevaban disputando alemanes y franceses desde hacía siglos, pasó de nuevo a manos alemanas. Los franceses transfirieron la Universidad de Estrasburgo a Nancy y el imperio alemán decidió crear una nueva universidad moderna que sirviera de escaparate de la cultura y la ciencia alemanas. No se ocultaba el objetivo de germanizar Alsacia-Lorena, una región de fuerte raigambre local.

El canciller Bismarck deseaba crear en Estrasburgo la mejor universidad del país y, dentro de ella, un observatorio modelo. Por ello, se invitó a los mejores profesores de Alemania con condiciones profesionales muy ventajosas. El observatorio se instalaría en el campus universitario con fines de formación y por su simbolismo político. Lo cierto era que el lugar no reunía las condiciones deseables para la observación astronómica, dado que estaba situado a poca altura y en un lugar donde las neblinas procedentes del cercano Rin eran muy frecuentes.

La universidad Kaiser Wilhelms se inauguró el 1 de mayo de 1872 con una gran ceremonia en lo que había sido la anterior universidad francesa, con las distintas facultades diseminadas por diversos edificios de la ciudad. En 1875 se decidió agrupar todos los edificios en un nuevo campus. El encargado del diseño fue Hermann Eggert (1844-1920), un joven arquitecto de Berlín. El lugar elegido sería la Neustadt, el nuevo barrio donde se levantarían otros edificios oficiales (palacio imperial, ministerios, sede de la asamblea regional y biblioteca).

Universidad de Estrasburgo. Foto: Paco Bellido
Universidad de Estrasburgo. Foto: Paco Bellido

El plan finalizó en 1877 con una serie de edificios situados en torno a jardines y presididos por el Palais Universitaire. La universidad consta del Palais Universitaire, el Observatorio, el Instituto de Botánica y los Jardines Botánicos, el Instituto y Museo de Zoología, el Instituto de Física, el Instituto de Química a los que se sumaron otros edificios a partir de la década de los sesenta del siglo pasado. La Universidad de Estrasburgo también cuenta con unas interesantes colecciones universitarias dedicadas a diversas áreas del conocimiento: egiptología, etnología, paleontología, arqueología, zoología, anatomía, mineralogía… además de una completa muestra de instrumentos científicos históricos utilizados en física, sismología y astronomía. En este sentido, el Museo de Sismología y Magnetismo Terrestre es uno de los más interesantes del país en su género.

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Además del precioso Observatorio Nacional y del intrigante Mecanismo de Anticítera que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, la capital griega esconde algunos tesoros arqueológicos relacionados con la astronomía que son menos conocidos de lo que en justicia debería corresponderles. Buen ejemplo de ello son los restos de un antiguo observatorio del siglo V antes de nuestra utilizado por Metón de Atenas o el edificio al que dedicamos esta entrada que, si bien es relativamente célebre, tiene un pasado fascinante poco conocido.

A pesar de lo que su nombre pudiera indicar, el ágora romana de Atenas no tiene mucho que ver con los romanos. El término deriva de la época en que se construyó, en torno al siglo I de nuestra era. En esta plaza pública, animada zona comercial y de reunión, se encontraba la Biblioteca de Adriano y la que se considera la estación meteorológica y astronómica más antigua de la historia: el Horologion de Andrónico, también conocido como Torre de los Vientos.

Vista actual de la Torre de los Vientos. Foto: Paco Bellido
Vista actual de la Torre de los Vientos. Foto: Paco Bellido

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La isla sueca de Ven ocupa un importante lugar en la historia de la ciencia por haber acogido el observatorio de Uraniborg, lugar donde el astrónomo danés Tycho Brahe registró con una precisión sin precedentes las posiciones de los planetas. Se puede decir que Uraniborg fue la primera institución científica de Europa. Durante dos décadas fue el punto de encuentro de los científicos y personalidades de la época.

Se puede llegar a la isla de Ven (en danés, Hven) desde Landskrona o Helsinborg en el lado sueco o desde Copenhague en el lado danés. En nuestro caso hicimos el viaje desde Copenhague con el barco Jeppe de la compañía Spar Shipping, que cubre el trayecto en una hora y media. Una anotación para curiosos: Jeppe era el nombre del bufón de Tycho Brahe que se sentaba bajo su mesa durante las comidas y a quien su señor siempre consideró clarividente.

El barco Jeppe que comunica Copenhague con la isla de Ven. Foto: © Paco Bellido
El barco Jeppe que comunica Copenhague con la isla de Ven. Foto: Paco Bellido

La isla de Ven tiene 4,5 kilómetros de largo y 2,6 de ancho. El punto más alto, a 45 metros sobre el nivel del mar se encuentra precisamente en Uraniborg. En Ven residen unos 360 habitantes, cifra que aumenta durante los meses de verano. Hay una fábrica de whisky y el principal cultivo es el trigo ecológico. La mejor forma de recorrer la isla es en bicicleta, tras subir la colina que hay junto al puerto se llega a Vens cykeluthyrning, donde se puede alquilar una de las 1.200 bicicletas que tienen a disposición de los turistas.

Vens cykeluthyrning. Foto: Paco Bellido
Vens cykeluthyrning. Foto: Paco Bellido

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Sobre un espolón rocoso de la ribera del Danubio se eleva la abadía de Melk, famosa por haber servido de escenario a El nombre de la rosa, la conocida novela de Umberto Eco. Realmente la novela transcurre en un monasterio inventado por Eco, pero la acción gira en torno a un manuscrito del siglo XIV cuyo autor, Adso de Melk, vivió en el antiguo monasterio benedictino de Melk, destruido durante las invasiones turcas y reconstruido posteriormente en su actual forma barroca. La abadía de Melk es una de las obras cumbres del barroco europeo, obra iniciada en 1702 por Jakob Prandtauer y continuada por Josef Munggenast tras la muerte del primero en 1726.

Abadía de Melk. Foto: © Paco Bellido
Abadía de Melk. Foto: © Paco Bellido

La biblioteca de la abadía es una de las más suntuosas de Austria, cuenta con 85.000 volúmenes y 1.200 manuscritos de los siglos IX al XV. Quizás los objetos más interesantes para los aficionados a la astronomía sean la pareja de globos, uno terrestre y otro celeste, de 1670 obra del cartógrafo veneciano Coronelli. El globo terrestre permite adentrarnos en los conocimientos cartográficos de la época. Se puede ver que el sudeste asiático está representado con mucho más detalle que el área de California y nuevo México. No en vano las rutas comerciales a las islas de las especias eran la base del comercio de la época.

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