El destino astronómico de esta ocasión nos conduce al norte de Italia, en concreto a tres ciudades de la Lombardía: Cremona, Brescia y Mantua, que atesoran algunos de los relojes astronómicos más interesantes del país transalpino.

El reloj astronómico del Torrazzo de Cremona

La catedral de Cremona, de estilo gótico lombardo, se empezó a construir en 1107. Diez años después del inicio de las obras casi resulta destruida por completo por un terremoto. Durante el Renacimiento se recubrió la fachada con mármoles policromos. Junto a la catedral se eleva el imponente campanario del Torrazzo, que con sus 111 metros de altura es la tercera construcción de ladrillo más alta de Europa (después de la torre de la iglesia de San Martín de Landshut, en Baviera, Alemania y de la Iglesia de Nuestra Señora de Brujas, Bélgica). Los cimientos de la torre datan de 1267 y el ornamento superior de forma octogonal fue construido entre 1284 y 1305.

La catedral de Cremona y el imponente Torrazzo. Foto: Paco Bellido

En el cuarto piso de la torre se encuentra uno de los relojes astronómicos más grandes del mundo. El reloj que vemos actualmente fue construido por Giovan Battista y Francesco Divizioli (padre e hijo) entre los años 1583 y 1588.

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En la colina Observatoriekullen (“la colina del Observatorio”), desde donde se divisa una excelente panorámica de Estocolmo, se encuentra uno de los pocos edificios científicos de la Ilustración que quedan aún en la capital sueca.

El observatorio, dedicado a la astronomía, la meteorología y la geografía, se fundó por iniciativa de Per Elvius, secretario de la Real Academia Sueca de Ciencias, quien falleció en 1749 y nunca llegó a ver completada su idea. El proyecto se inició en 1748 bajo la dirección del arquitecto Carl Hårleman, máximo exponente del rococó sueco, y se terminó en 1753. El edificio, que influiría en otros observatorios similares creados con posterioridad, contaba con taller de instrumentos, espacios de oficinas y residencia.

Grabado de O. A. Mankell en Ny illustrerad tidning (1877)
Grabado de O. A. Mankell en Ny illustrerad tidning (1877)

El lugar elegido para su emplazamiento fue una colina alejada de la ciudad, rodeada de casas de labradores y campos de cultivo. En el siglo XIX, Estocolmo se expandió mucho y el observatorio quedó dentro de la ciudad. El Observatorio Real de Estocolmo nació con el espíritu ilustrado de la época, a saber, impulsar el desarrollo de la ciencia y poner la astronomía al alcance no sólo de las élites formadas, sino también del hombre de la calle.

Vista exterior del Antiguo Observatorio de Estocolmo
Vista exterior del Antiguo Observatorio de Estocolmo

El primer director fue Pehr Wilhelm Wargentin (1717-1783), un nombre que resultará familiar a los observadores lunares. El cráter Wargentin se encuentra en el suroeste lunar, al lado del cráter Schickard. En la primera época del observatorio también destaca la figura de Daniel Ekström, se conservan 30 instrumentos fabricados por este constructor, desde cuadrantes y relojes de sol a instrumentos topográficos.

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La ciencia moderna arranca con la revolución copernicana, un proceso iniciado por Copérnico y finalizado por Newton que cambió la perspectiva que el hombre tenía del mundo. Poco se sabe sobre la vida de Copérnico, en este artículo nos acercaremos a los lugares que ocuparon un lugar importante en la vida del autor de De revolutionibus.

Nicolás Copérnico (Niklas Koppernigk) nace el 19 de febrero de 1473 en Toruń, un importante centro comercial de la Prusia Real situado en los márgenes del río Vístula. Era hijo de otro Niklas Koppernigk, un mayorista de cobre, el negocio del que derivaba el apellido familiar, y de Bárbara Watzenrode, hija de un rico comerciante perteneciente a la burguesía local. El matrimonio tenía un hijo mayor, Andreas, que ocupó un papel importante en la vida del astrónomo y dos hijas.

A los diez años de edad Copérnico quedó huérfano de padre. El hermano de su madre, el canónigo Lucas Watzenrode se hizo cargo de la familia. Casó a Katharina, la hermana mayor, con un noble de la ciudad y logró que la hija menor, Bárbara, cogiera los hábitos, con el tiempo llegaría a ser abadesa benedictina en el convento de Kulm.

En Toruń, una ciudad de doscientos mil habitantes situada al norte de Polonia se puede visitar la casa natal de Copérnico, hoy convertida en museo. El museo se encuentra en la calle Kopernika, antiguamente llamada calle de Santa Ana. En él se hace un recorrido por la vida del astrónomo, se puede ver una interesante colección de instrumentos astronómicos de la época y de las distintas ediciones de las obras de Copérnico y nos permite conocer cómo era la vida cotidiana en la casa de un próspero comerciante del siglo XV. Es un edificio de estilo gótico hanseático con hastiales escalonados, típico de la zona.

Casa natal de Nicolás Copérnico en Torun. Foto: © Paco Bellido
Casa natal de Nicolás Copérnico en Torun. Foto: © Paco Bellido

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Los daneses presumen de tener el observatorio más antiguo de Europa aún en funcionamiento, la Rundetårn o Torre Redonda, situada en el corazón del Barrio Latino de Copenhague. Aunque en la actualidad sólo se utiliza para sesiones públicas de observación, la Universidad de Copenhague utilizó su telescopio hasta 1861.

Las obras de la Torre Redonda comenzaron en 1637 por orden del rey Christian IV de Dinamarca. Este rey tuvo otro importante papel en la historia de la Astronomía, pues podríamos decir que fue en buena parte responsable del encuentro entre dos gigantes: Tycho Brahe y Johannes Kepler. En efecto, si Christian IV no hubiera retirado su apoyo a Tycho, éste posiblemente nunca hubiera abandonado el observatorio de Uraniborg.

El diseño de la Torre Redonda es obra del arquitecto Hans Steenwinckel, el Joven, uno de los más destacados representantes del Renacimiento flamenco. Otra de sus obras conocidas es el aspecto actual palacio de Kronborg, incluido en la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y más conocido por ser el lugar donde se desarrolla la obra shakesperiana Hamlet.

La Torre Redonda de Copenhague. Foto: Paco Bellido
La Torre Redonda de Copenhague. Foto: Paco Bellido

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El Museo de la Edad Media (Musée National du Moyen Âge) de París es uno de los edificios medievales más bellos del centro de la capital del Sena. En su interior se puede ver el famoso tapiz “La dama y el unicornio”. Sin embargo, pocos visitantes reparan en la torre octogonal situada en el patio de entrada. Aquí nació el Catálogo Messier, posiblemente la lista de objetos más apreciada por los aficionados a la astronomía.

El primer astrónomo que se estableció en la torre fue Joseph-Nicolás Delisle, miembro de la Academia Francesa de Ciencias. Delisle, a pesar de proceder de una familia acomodada, no disponía de una fortuna que le permitiera financiar sus investigaciones. En 1725 su vida dio un giro inesperado cuando fue llamado a San Petersburgo por el zar Pedro el Grande para hacerse cargo de la creación de la escuela de astronomía de la Academia Rusa de Ciencias. A su vuelta a París en 1747, ya rico y famoso, pudo montar su propio observatorio en una torre del Hôtel de Cluny. El Hôtel de Cluny (llamado de Clugny a mediados de siglo XVIII) se alza sobre las ruinas de unas termas romanas del siglo IV, había pertenecido a la orden benedictina y que, posteriormente, pasó a manos de la Marina Francesa. Delisle llegó al acuerdo de ceder el observatorio a la Armada Real a cambio de ser nombrado “Astrónomo de la Marina”.

La torre del Hôtel de Cluny desde la que Messier realizaba sus observaciones. Foto: Paco Bellido
La torre del Hôtel de Cluny desde la que Messier realizaba sus observaciones. Foto: Paco Bellido

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El nacimiento de la Universidad de Estrasburgo

Tras la guerra franco-prusiana de 1870, la ciudad alsaciana de Estrasburgo que se llevaban disputando alemanes y franceses desde hacía siglos, pasó de nuevo a manos alemanas. Los franceses transfirieron la Universidad de Estrasburgo a Nancy y el imperio alemán decidió crear una nueva universidad moderna que sirviera de escaparate de la cultura y la ciencia alemanas. No se ocultaba el objetivo de germanizar Alsacia-Lorena, una región de fuerte raigambre local.

El canciller Bismarck deseaba crear en Estrasburgo la mejor universidad del país y, dentro de ella, un observatorio modelo. Por ello, se invitó a los mejores profesores de Alemania con condiciones profesionales muy ventajosas. El observatorio se instalaría en el campus universitario con fines de formación y por su simbolismo político. Lo cierto era que el lugar no reunía las condiciones deseables para la observación astronómica, dado que estaba situado a poca altura y en un lugar donde las neblinas procedentes del cercano Rin eran muy frecuentes.

La universidad Kaiser Wilhelms se inauguró el 1 de mayo de 1872 con una gran ceremonia en lo que había sido la anterior universidad francesa, con las distintas facultades diseminadas por diversos edificios de la ciudad. En 1875 se decidió agrupar todos los edificios en un nuevo campus. El encargado del diseño fue Hermann Eggert (1844-1920), un joven arquitecto de Berlín. El lugar elegido sería la Neustadt, el nuevo barrio donde se levantarían otros edificios oficiales (palacio imperial, ministerios, sede de la asamblea regional y biblioteca).

Universidad de Estrasburgo. Foto: Paco Bellido
Universidad de Estrasburgo. Foto: Paco Bellido

El plan finalizó en 1877 con una serie de edificios situados en torno a jardines y presididos por el Palais Universitaire. La universidad consta del Palais Universitaire, el Observatorio, el Instituto de Botánica y los Jardines Botánicos, el Instituto y Museo de Zoología, el Instituto de Física, el Instituto de Química a los que se sumaron otros edificios a partir de la década de los sesenta del siglo pasado. La Universidad de Estrasburgo también cuenta con unas interesantes colecciones universitarias dedicadas a diversas áreas del conocimiento: egiptología, etnología, paleontología, arqueología, zoología, anatomía, mineralogía… además de una completa muestra de instrumentos científicos históricos utilizados en física, sismología y astronomía. En este sentido, el Museo de Sismología y Magnetismo Terrestre es uno de los más interesantes del país en su género.

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