El Observatorio Astronómico de Brera

Por Paco Bellido, el 4 septiembre, 2020. Categoría(s): Destinos astronómicos ✎ 3

El Observatorio Astronómico de Brera debe su fama a los canales de Marte, observados durante la oposición de 1877, pero esta institución científica puede presumir de haber contado con grandes figuras de la Astronomía que contribuyeron a su prestigio internacional

Historia del observatorio

El observatorio se encuentra en pleno centro de Milán, en el palacio homónimo que alberga la magnífica Pinacoteca de Brera, sobre el emplazamiento del antiguo monasterio de los Humillados, orden religiosa masculina surgida en el siglo XIII y eliminada por bula papal en 1571. Junto al monasterio había una iglesia, también desaparecida,  llamada Santa María nella Brera, de la que deriva el nombre. El término brera (en latín, braida) hace referencia a un prado.

Patio principal del Palazzo di Brera. Foto: Paco Bellido

Tras la desaparición de la orden de los Humillados, los terrenos pasan a manos de la Compañía de Jesús. Allí se levanta un palacio, en plena época de la dominación española, con un elegante patio central rodeado de una galería porticada de dos plantas. En el siglo XVII los jesuitas, muy interesados en las ciencias naturales, fundaron observatorios astronómicos por toda Europa, el de Roma, el Collegio Romano era el más importante de ellos. Los primeros observatorios surgen en los colegios jesuitas de Lyon, Marsella, Aviñón (Francia), Mannheim (Alemania), Viena, Graz (Austria), Praga (Bohemia), Trnava (Hungría) y Vilna (Lituania), a los que se unirán varias docenas más en todo el mundo en las décadas siguientes.

En febrero de 1760, Giuseppe Bovio y Domenico Gerra, dos jesuitas que enseñaban filosofía a seminaristas e hijos de nobles en el colegio de Brera, observan con un pequeño telescopio el paso de un cometa. El descubrimiento se hace público a través de carteles repartidos por la ciudad. Quizás este éxito convence al rector del colegio, el padre Pallavicini, de la necesidad de montar un observatorio permanente. El Colegio de Brera (Collegium Breranum) será uno de los primeros del país transalpino en disponer de observatorio propio. El turinés Joseph Louis de Lagrange (1711-1783), que hizo aportaciones decisivas al desarrollo de la mecánica celeste, es reclamado desde Marsella para hacerse cargo de la dirección del nuevo observatorio. Lagrange cuenta con la colaboración de Ruđer Bošković (1711-1787), más conocido como Boscovich, un jesuita nacido en la República de Ragusa (en la actualidad Dubrovnik, Croacia). Boscovich es uno de los científicos más prolíficos de su tiempo, sus contribuciones son fundamentales en multitud de campos. Se apasiona con la idea de la fundación de un nuevo observatorio en Brera y, como experto en arquitectura e ingeniería, diseña un modelo cuya maqueta en madera se puede ver actualmente en el Museo Nacional de la Ciencia y la Tecnología «Leonardo da Vinci» de Milán.

Modelo en madera del observatorio ideado por Boscovich. Museo de la Ciencia y la Técnica Leonardo da Vinci (Milán). Foto: Paco Bellido

Boscovich elige el ángulo sudeste del palacio por ser el más alejado del ruido de los carruajes que circulan por la calle. Su proyecto constaba de dos pisos: el inferior estaba distribuido en cinco estancias donde se colocan los relojes y otros instrumentos; en el piso superior solo había una habitación de planta octogonal con ocho grandes ventanales utilizados para las observaciones con telescopios móviles y también para lecciones de astronomía abiertas al público. Sobre la sala octogonal se situaba una terraza con dos cúpulas cónicas de tres metros de diámetro. El Observatorio de Brera se convierte en poco tiempo en la institución astronómica más importante de lo que ahora es Italia y adquiere un gran renombre en Europa.

Aspecto de la Specola de Brera en la época de Boscovich. Cortesía del Osservatorio Astronomico di Brera.

Si bien Lagrange era el director oficial del observatorio, Boscovich se encargaba de organizar las tareas científicas. Ambos astrónomos tienen caracteres muy distintos, lo que provoca fricciones entre ellos. Tras un desacuerdo, Boscovich renuncia a sus cometidos y deja el observatorio en 1772. Al año siguiente, el papa Clemente XIV suprime la orden de los jesuitas y el observatorio pasa a depender directamente del gobierno austriaco en Milán. Este régimen se implica mucho en el desarrollo del observatorio, dotándolo de los medios y del personal necesario para continuar las líneas de investigación ideadas por Boscovich. En 1774 se inicia, a instancias de la emperatriz Maria Teresa de Austria, la publicación de las Efemérides de Milán, un anuario astronómico que rápidamente se convierte en una obra de referencia. En 1775 llega Barnaba Oriani, un nuevo astrónomo de gran reputación gracias a sus trabajos en mecánica celeste. Poco después será nombrado director

En estos primeros años, las actividades encomendadas al observatorio van más allá de la astronomía. Recibe el encargo del trazado de un mapa detallado de Lombardía, concretamente de la parte bajo dominio austriaco que se extiende de Mantua a Milán. La campaña de prospección dura seis años, de 1788 a 1794. La línea de base, que mide unos 10 km y que se sitúa en la llanura ocupada actualmente por el aeropuerto de Malpensa, se mide con una barra metálica que está expuesta en el museo y con la que se consiguió una precisión asombrosa: el error de la línea de base es de apenas 5 cm.

En 1797 Lombardía pasa a manos francesas, Napoleón está decidido a hacer de Milán un importante centro cultural, una suerte de nuevo París. Una de las primeras personas con quien se reúne durante su visita a la capital lombarda es con el director Oriani. En 1805 se incorpora la Pinacoteca al resto de instituciones culturales (el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico, la Academia de Bellas Artes y la Biblioteca Braidense). Sin embargo, tras la derrota y exilio de Napoleón en 1815, la situación del observatorio empeora notablemente: no hay fondos para pagar a los astrónomos, mucho menos para adquirir nuevos aparatos. Cuando fallece Oriani en 1832 deja al observatorio en herencia una gran suma de dinero que permite pagar los salarios de los astrónomos, además de salvar in extremis la existencia de la institución.

Biblioteca Braidense. Foto: Paco Bellido

En 1859, nuevos vaivenes políticos afectan al devenir del observatorio. Lombardía es anexionada al Piamonte, como preludio a la unificación de Italia. El gobierno piamontés está determinado a  sacar al observatorio de su letargo, debido a la falta de personal e instrumentación. En esta época llega a Brera como astrónomo ayudante Giovanni Virginio Schiaparelli (1835-1910); dos años después, en 1862, tras la muerte del director Francesco Carlini, ocupará su puesto con solo 27 años, convirtiéndose en el director más joven de la historia del observatorio.

Poco antes de aceptar el cargo, el único instrumento disponible es un sector ecuatorial Sisson de 10 cm que data de 1774. Con este pequeño telescopio el joven Schiaparelli descubre en abril de 1861 un asteroide, el número 69, que bautizará como Hesperia (el nombre que daban los griegos a Italia). Schiaparelli es un astrónomo de prestigio, ha recibido importantes galardones científicos internacionales y está bien relacionado con políticos influyentes, lo que resultará de gran ayuda para conseguir dotar al observatorio de nuevos medios. Tras el descubrimiento del nuevo asteroide recibe una carta del político e ingeniero Quintino Sella, quien, además de felicitarlo por el hallazgo, se interesa por el coste de un telescopio adecuado para el observatorio.

Gracias a un fondo de 19.440 liras (unos 95.000 euros actuales) en 1862 se encarga a la casa Merz de Múnich, heredera del trabajo del legendario Joseph von Fraunhofer, un telescopio de 22 cm de diámetro y 3,15 m de distancia focal. Se trata de un doblete acromático de gran calidad, dotado de micrómetro, que permite realizar medidas muy precisas. El tubo consta de un cilindro de latón revestido de madera de abeto enchapada en caoba. El dispositivo mecánico de movimiento de la montura funciona mediante un sistema de pesas. Son llamativas las dos lámparas situadas sobre el tubo del telescopio sobre sendas ventanitas que permiten iluminar los cables del micrómetro. El telescopio se instala bajo una cúpula construida exprofeso en el ala norte. Además del estudio de cometas, asteroides y planetas, Schiaparelli utiliza el telescopio para realizar medidas de estrellas dobles, una actividad que ocupará buena parte de su tiempo. En el transcurso de su carrera científica, entre 1862 y 1900, Schiaparelli realizó 11.776 observaciones micrométricas de sistemas binarios. Sin embargo, las observaciones que lo convierten en una celebridad son las del planeta Marte, que comenzó el 23 de agosto de 1877 de forma fortuita. Aquella noche la calidad del cielo no permitía realizar medidas micrométricas de dobles, sin embargo, al apuntar a Marte se da cuenta de que su telescopio tiene una resolución capaz de mostrar detalles que nunca antes se habían documentado. El planeta rojo aparece surcado por una serie de líneas que le dan el aspecto de red poligonal. Su daltonismo, compensado por una excelente visión en el ojo izquierdo, le impedía observar las gradaciones cromáticas del terreno de Marte.

Mapa de Marte realizado por Giovanni Virginio Schiaparelli durante la oposición de 1877. Wikimedia Commons

Este hecho quizás motivara que su cerebro interpretase como líneas lo que no eran más que diferencias de color. Tras marcar en la superficie marciana una serie de puntos característicos fácilmente identificables, Schiaparelli mide noche tras noche la posición exacta de estas formaciones hasta conseguir una cuadrícula de referencia que sería la base de su mapa de Marte. De esta manera nace el mito de los canales de Marte que tanto dará que hablar en las siguientes décadas.

La fama que consigue con el mapa de Marte durante la oposición de 1877 posibilita que unos años después el gobierno destine la suma de 250.000 liras (equivalente aproximadamente a un millón de euros en la actualidad) a la compra de un telescopio aún mayor. Se trata de uno de los telescopios más potentes de Europa, un refractor Merz de 49 cm de diámetro y 7 metros de distancia focal, sobre montura Repsold. El instrumento llega a Brera en 1882, pero no es hasta 1886 que empieza a utilizarse con regularidad. Se instala sobre una cúpula de 10 metros de diámetro instalada en la fachada sur del observatorio sobre el lugar que ocupaba la torre octogonal construida por Boscovich en 1764.

Portada de La Domenica del Corriere del 28 octubre de 1900, como homenaje a Schiaparelli en su jubilación. Wikimedia Commons

A partir de la última década del siglo XIX, la vista de Schiaparelli empeora notablemente lo que le impide seguir utilizando el telescopio. En 1900 se jubila, en los diez años siguientes se dedicará a otra de sus grandes pasiones: el estudio de la historia de la astronomía antigua. Su obra La Astronomía en el Antiguo Testamento apareció en 1945 en la mítica colección Austral de la editorial Espasa-Calpe y ha sido su único libro traducido al español hasta la publicación de La vida en Marte en 2009.

El desarrollo industrial y a la contaminación lumínica hace que las condiciones de observación en Milán empeoren mucho a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Esto llevará al traslado de las observaciones en 1926 a un nuevo emplazamiento, el observatorio de Merate situado cerca de Bérgamo, a unos 30 km al noreste de Milán.

El Museo Astronómico de Brera

Aunque en el observatorio de Brera ya no se realizan observaciones astronómicas, la institución forma parte del INAF (Instituto Nacional de Astrofísica) donde prosigue la actividad compartida con la sede de Merate. Además de las oficinas y el archivo histórico, la sede de Brera cuenta con un interesante museo.

Entrada al Museo Astronómico de Brera. Foto: Paco Bellido

La colección de instrumentos que se exhibe actualmente en el museo se fue creando a lo largo de los años por iniciativa de algunos directores del Observatorio de Brera interesados en la historia de la astronomía, empezando por Schiaparelli, que reunió en el pasillo de entrada del observatorio algunos de los instrumentos más significativos utilizados por los astrónomos de Brera desde mediados del siglo XVIII. Los bustos de Boscovich y Schiaparelli reciben al visitante a la entrada. La disposición actual de la galería es resultado del meticuloso trabajo de conservación, restauración, catalogación y puesta en valor realizado desde los años ochenta por el Instituto de Física General y Aplicada de la Universidad de Milán, en particular por Guido Tagliaferri y Pasquale Tucci. Este núcleo de instrumentos astronómicos se ha acrecentado con varios tipos de instrumentos científicos de las colecciones históricas de la Universidad de Milán: telescopios, microscopios, máquinas neumáticas y electrostáticas, así como instrumentos para estudios cartográficos.

Una vista general del Museo Astronómico de Brera. Foto: Lola Vázquez

Un lado de la pared está ocupado por el mapa de Lombardía trazado por los astrónomos de Brera durante las campañas geodésicas realizadas a finales del siglo XVIII. Se exponen las barras metálicas utilizadas en la medición de la línea base y los instrumentos geodésicos utilizados en la triangulación del terreno. El mapa, publicado en 1796, es el primer ejemplo en Italia de un mapa realizado a partir de mediciones geodésicas modernas.

Otro instrumento curioso es el magnetómetro de Meyerstein, utilizado en la medición de la dirección e intensidad del campo magnético terrestre. El Observatorio de Brera participó en una campaña geomagnética internacional promovida por el gran matemático y físico alemán Karl Friedrich Gauss. La campaña de mediciones magnéticas duró varias décadas, hasta principios del siglo XX; uno de los resultados fue la demostración de la existencia de una correlación entre las variaciones del campo magnético terrestre y el ciclo de once años de actividad solar.

Entre los instrumentos expuestos destacan los micrómetros utilizados por Schiaparelli para las mediciones de posición de estrellas dobles y para la cartografía de Marte. Estos instrumentos permitían medir con precisión las distancias angulares entre distintos puntos del campo de visión del telescopio. Constan en un par de hilos finos, cuya distancia se podía regular mediante una rueda graduada: después de mover los hilos hasta superponerlos a la distancia que se deseaba medir, el astrónomo podía leer el valor de separación angular correspondiente en la escala graduada. El primero de los micrómetros (1881) fue fabricado en Múnich por Georg Merz y se instaló en el refractor de 22 cm; el segundo, más moderno (1909), es de fabricación vienesa de la casa Welharticky und Pachner y se utilizó en el refractor Merz de 49 cm.

Los micrómetros utilizados por Schiaparelli para el estudio de estrellas dobles y el trazado de los mapas de Marte. Foto: Paco Bellido

También forma parte del Museo la cúpula que contiene el telescopio refractor de 8 pulgadas (22 cm) instalado por Giovanni Virginio Schiaparelli en 1875 y utilizado por el astrónomo en sus investigaciones, en particular en estudios de estrellas dobles, cometas y asteroides, y sobre todo del planeta Marte. En 1999 se llevó a cabo una profunda restauración del telescopio que lo devolvió a su condición original.

Cúpula del telescopio Merz de 8 pulgadas. Foto: Lola Vázquez

La cúpula que albergaba el segundo telescopio, el Merz de 49 cm, fue dañada por una bomba en 1943 durante la segunda guerra mundial. En la actualidad se ha reconvertido en sala de conferencias.

Aspecto actual del telescopio con el que Schiaparelli «descubrió» los canales de Marte durante la oposición de 1877. Foto: Paco Bellido
Detalle del sistema de pesas de accionamiento de la montura. Foto: Lola Vázquez

El museo astronómico se puede visitar gratuitamente y está abierto de lunes a viernes. Para acceder a la cúpula de Schiaparelli es necesario concertar una visita guiada (entrada 5 euros) que se realiza en grupos de siete personas como máximo. El museo astronómico es un complemento perfecto a la visita de la Pinacoteca de Brera y del Jardín Botánico y un destino imprescindible para los aficionados a la astronomía que visiten Milán.

Vista de las cúpulas del observatorio desde el Jardín Botánico de Brera. Foto: Paco Bellido

Agradecimientos

 Queremos agradecer al doctor Mario Carpino las facilidades brindadas para acceder al Observatorio de Brera y sus explicaciones durante nuestra visita. Fotografías realizadas por Lola Vázquez y Paco Bellido por cortesía del INAF – Observatorio Astronómico de Brera en las oficinas de Via Brera 28, 20121 Milán (Italia), tel. 02 72320300.

Bibliografía

VV. AA. Da Brera a Marte. Storia dell’osservatorio astronomico di Milano. Nuovo Banco Ambrosiano. Milán, 1983.

CARPINO, Mario. Breve storia dell’Osservatorio Astronomico di Brera attraverso i suoi strumenti (http://www.brera.mi.astro.it/~mario.carpino/didattica/).

SCHIAPARELLI, Giovanni. La vida en Marte. Interfolio. 2009.

CHINNICI, Ileana (Ed.) Merz Telescopes. A Global Heritage Worth Preserving. Springer, 2017.



3 Comentarios

    1. Veían y, en otras ocasiones, «querían» ver. Y no solo eso, en ocasiones veían canales muy similares a los de Schiaparelli. Hay un dibujo de Marte realizado por Schiaparelli el 4 de junio de 1888 desde Milán y otro realizado por Perrotin en Niza la misma noche, una hora después, que son prácticamente calcados. Es llamativa la coincidencia de los canales observados.

      En un experimento ya clásico, los astrónomos Edward Maunder y J. E. Evans pidieron a unos niños de la escuela del Royal Greenwich Hospital reproducir un dibujo de Marte colocado a gran distancia. Los resultados no dejan lugar a dudas, buena parte de los niños dibuja canales inexistentes, el ojo simplifica las gradaciones de color sutiles poniendo líneas donde no debería haberlas.

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Por Paco Bellido, publicado el 4 septiembre, 2020
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