Una visita al Real Observatorio de Estocolmo

En la colina Observatoriekullen (“la colina del Observatorio”), desde donde se divisa una excelente panorámica de Estocolmo, se encuentra uno de los pocos edificios científicos de la Ilustración que quedan aún en la capital sueca.

El observatorio, dedicado a la astronomía, la meteorología y la geografía, se fundó por iniciativa de Per Elvius, secretario de la Real Academia Sueca de Ciencias, quien falleció en 1749 y nunca llegó a ver completada su idea. El proyecto se inició en 1748 bajo la dirección del arquitecto Carl Hårleman, máximo exponente del rococó sueco, y se terminó en 1753. El edificio, que influiría en otros observatorios similares creados con posterioridad, contaba con taller de instrumentos, espacios de oficinas y residencia.

Grabado de O. A. Mankell en Ny illustrerad tidning (1877)
Grabado de O. A. Mankell en Ny illustrerad tidning (1877)

El lugar elegido para su emplazamiento fue una colina alejada de la ciudad, rodeada de casas de labradores y campos de cultivo. En el siglo XIX, Estocolmo se expandió mucho y el observatorio quedó dentro de la ciudad. El Observatorio Real de Estocolmo nació con el espíritu ilustrado de la época, a saber, impulsar el desarrollo de la ciencia y poner la astronomía al alcance no sólo de las élites formadas, sino también del hombre de la calle.

Vista exterior del Antiguo Observatorio de Estocolmo
Vista exterior del Antiguo Observatorio de Estocolmo

El primer director fue Pehr Wilhelm Wargentin (1717-1783), un nombre que resultará familiar a los observadores lunares. El cráter Wargentin se encuentra en el suroeste lunar, al lado del cráter Schickard. En la primera época del observatorio también destaca la figura de Daniel Ekström, se conservan 30 instrumentos fabricados por este constructor, desde cuadrantes y relojes de sol a instrumentos topográficos.

La visita comienza precisamente por el estudio de Wargentin, que ostentó durante 34 años el cargo de secretario general de la Real Academia Sueca de Ciencias. Wargentin, hijo de un vicario, fue uno de los científicos más destacados de la época, de niño fue testigo de un eclipse de Luna y esto lo marcó para siempre. Pero sus intereses no se limitaban a la astronomía y a la meteorología, también estudió los censos de población del país y, por ello, se le considera el fundador de las estadísticas de población suecas.

Estancia de Wargentin. Foto: Paco Bellido
Estudio de Wargentin. Foto: © Paco Bellido

Otra de las labores del observatorio fue la publicación de calendarios. El calendario gregoriano había sido introducido en Dinamarca, Noruega y Alemania en 1700, pero en la protestante Suecia había un fuerte rechazo a adoptar un calendario promovido por un papa católico. En 1753, finalmente, adoptó el nuevo calendario. El rey Carlos XI había decidido en 1686 que los calendarios tenían que publicarse con el visto bueno de los astrónomos. El calendario se convirtió en una lectura popular y se editaban muchos ejemplares que suponían una buena fuente de ingresos para la academia. El calendario incluía consejos prácticos para la siembra y la recolección, también recogía las fechas de mercado, una información importante para la población rural. En muchas casas era, junto con la Biblia, el único libro que había, así que también se utilizaba como medio de divulgación. El gran naturalista Carl Linnaeus escribió en 1743 y 1744 artículos sobre las plantas autóctonas. También había artículos de carácter moral referentes al consumo de bebidas alcohólicas o a la recompensa futura que suponía llevar vida de castidad. Curiosamente, hubo que esperar hasta 1972 para que esa antigua ley quedase derogada y fue entonces cuando se volvió a permitir que cualquier editor publicara almanaques.

El 12 de abril de 1753, Wargentin se mudó con su familia al observatorio, lugar donde residiría hasta su muerte en 1783. Durante muchos años fue el único empleado de la Academia de Ciencias y, por tanto, responsable de la correspondencia y de la administración de la misma. Wargentin escribió un diario donde anotaba detalles de su vida diaria en el observatorio y de sus actividades científicas entre las que sobresale una serie de observaciones de las lunas de Júpiter y numerosas observaciones de estrellas variables. A pesar de la patente falta de instrumental, la creación del observatorio fue un gran motivo de alegría para el astrónomo y así lo manifestó en su diario “[el día de la inauguración] fue el más alegre y glorioso que jamás haya tenido la Academia”.

Vitrina con algunos objetos astronómicos antiguos. Foto: Paco Bellido
Vitrina con algunos objetos astronómicos antiguos. Foto: Paco Bellido

La confección de registros meteorológicos también era cometido de los astrónomos del siglo XVIII. Los astrónomos buscaban patrones en el tiempo atmosférico similares al movimiento de cuerpos celestes. Las medidas iniciadas por Wargentin han continuado hasta nuestros días. Desde 1756 se registran la temperatura y las precipitaciones tres veces al día en el observatorio, aunque en la actualidad las medidas son tarea del Instituto Meteorológico e Hidrológico Sueco (SMHI).

En una de las habitaciones del museo se pueden ver 250 años de medidas de la temperatura en una banda de papel que recorre toda la pared de la sala. En ella se pueden ver las máximas y mínimas de cada mes desde el siglo XVIII hasta la actualidad. También se puede ver un globo celeste del fabricante sueco Anders Åkerman realizado en Uppsala en 1759. Åkerman fue el fabricante de globos más importante del país, existen más de un centenar de copias de sus globos. A su lado, un modelo planetario para educación realizado en Inglaterra por William Jones en 1794.

En la mesa se puede ver el globo celeste fabricado por Anders Åkerman. Foto: Paco Bellido
En la mesa se puede ver el globo celeste fabricado por Anders Åkerman. Foto: Paco Bellido
Un antiguo modelo del Sistema Solar utilizado en sesiones didácticas. Foto: Paco Bellido
Un antiguo modelo del Sistema Solar utilizado en sesiones didácticas. Foto: Paco Bellido

En la antigua sala del meridiano se determinaba la hora local de Estocolmo hasta el siglo XIX. En 1900 Suecia adoptó el horario de Greenwich. En los años veinte del siglo XIX, el Meridiano de Estocolmo se trasladó a la nueva sala del meridiano. Los nuevos instrumentos son obra de los fabricantes muniqueses Reichenbach y Ertel.

Sala del meridiano. Foto: Paco Bellido
Sala del meridiano. Foto: Paco Bellido

Wargentin participaba activamente en programas de observación con otros colegas europeos. En 1761 y 1769 hubo dos tránsitos de Venus por delante del Sol. Esta pareja de tránsitos fue la primera observada multitudinariamente desde observatorios de todo el mundo, el tránsito anterior, que tuvo lugar en 1639, solo fue observado por Horrocks y Crabtree. Wargentin organizó las observaciones astronómicas del fenómeno. Los tránsitos proporcionaban un método fácil de determinar el valor de la unidad astronómica, es decir, la distancia que separa a nuestro planeta del Sol. Para ello, era necesario realizar medidas desde distintos lugares del planeta. En Suecia se observó el tránsito desde Lund en el sur del país, hasta Torneå en el norte. Wargentin observó el tránsito en compañía de la reina, el príncipe heredero, un buen número de diplomáticos e incluso personas de la calle interesadas en observar el fenómeno. Todavía no se había instalado la cúpula del observatorio y el tránsito se observó desde los inmensos ventanales de la sala de observación del Observatorio Real. Una maqueta instalada en la sala de observaciones recuerda la ocasión.

Maqueta de la observación del tránsito de Venus. Foto: Paco Bellido
Maqueta de la observación del tránsito de Venus. Foto: Paco Bellido

En el diario del astrónomo, se puede leer “Este día, el 6 de junio, muy esperado por todos los astrónomos, realicé con éxito observaciones de este raro fenómeno, el tránsito de Venus. Estaban presente Su Majestad la Reina [Lovisa Ulrika], el Príncipe Heredero [futuro Gustavo III], un gran número de consejeros y embajadores extranjeros y una multitud, quizás demasiado numerosa, de espectadores de ambos sexos y de toda condición. El cielo era tan favorable para las observaciones como hubiera podido desear. El notable matemático Sr. Klingenstierna me ayudó en las observaciones, su mirada fija en el sol a través del nuevo telescopio Dollond de 10 pies con su ocular intermedio, que muestra los objetos casi el doble de grandes que el mío y, al mismo tiempo, con mayor claridad.[…] el Sr. Gadolin anunciaba en voz alta los minutos y segundos que marcaba el reloj.”.

En 1761, precisamente durante este tránsito por delante del disco solar, el astrónomo ruso Mijail Lomonosov anunció el descubrimiento de la atmósfera de Venus.

En la misma sala se encuentra un cuadrante inglés fabricado en 1757 por John Bird, uno de los fabricantes de instrumentos más prestigioso de la época. El cuadrante se utilizaba para medir ángulos y fue muy utilizado durante las observaciones astronómicas hasta el siglo XIX.

Cuadrante fabricado en Londres por John Bird en 1757. Foto: Paco Bellido
Cuadrante fabricado en Londres por John Bird en 1757. Foto: Paco Bellido
Cuadrante de Bird y acceso a la sala del meridiano. Foto: Paco Bellido
Cuadrante de Bird y acceso a la sala del meridiano. Foto: Paco Bellido

En la sala del reloj se conserva un cronómetro inglés fabricado por Molineux & Cope en un armario de caoba realizado por Johan Öhman. En la misma sala hay otro reloj fabricado por Nylander en 1798 que todavía en la actualidad muestra la hora solar de Estocolmo.

Durante el siglo XIX, el principal cometido de los astrónomos fue la toma de medidas de posición para determinar el movimiento de distintos cuerpos celestes y su distancia. Con el paso del tiempo fueron necesarios instrumentos cada vez mayores, por ello en 1871 se realizaron importantes obras en el edificio para instalar una cúpula que albergaría el nuevo telescopio, un refractor Repsold und Sohne. El artífice de la instalación de la cúpula fue el director Hugo Gyldén, un astrónomo de origen finlandés que hizo interesantes aportaciones en el campo de la mecánica celeste y que procedía del Observatorio de Pulkovo, uno de los más modernos de la época. La cúpula era muy avanzada para su tiempo, se abría mediante un sistema manual de ruedas y engranajes. Al refractor se incorporó un equipo fotográfico del que se conservan bastantes fotografías, la más antigua de 1889. El refractor actual no es el original, se trata de un telescopio fabricado por Carl Zeiss en 1910 y procede de un observatorio en Escania.

Vista exterior de la cúpula. Foto: Paco Bellido
Vista exterior de la cúpula. Foto: Paco Bellido

El Gabinete de Curiosidades, Naturaliekabinettet, reúne una colección de objetos curiosos de los diferentes reinos naturales de la Real Academia Sueca de Ciencias de finales del siglo XVIII. Hay caparazones de animales exóticos, pájaros disecados, fósiles, minerales e incluso fetos con malformaciones. También piezas etnográficas procedentes del Pacífico y las Indias Orientales, hallazgos arqueológicos e incluso el dedo momificado de un troll. Los gabinetes de curiosidades son precursores de los actuales museos de Ciencias Naturales y nos ofrecen una clara imagen de las ideas acerca de la Naturaleza del hombre ilustrado.

Una de las vitrinas del Gabinete de curiosidades. Foto: Paco Bellido
Una de las vitrinas del Gabinete de curiosidades. Foto: Paco Bellido

En 1931 la contaminación lumínica ya empezaba a ser un problema en Estocolmo y las observaciones astronómicas se trasladaron a las nuevas instalaciones de Saltsjöbaden. La ciudad recupera los alrededores del observatorio y los convierte en un parque público. El antiguo Observatorio Real dejó de estar operativo, aunque las medidas meteorológicas se han venido realizando ininterrumpidamente desde 1756 hasta la fecha, siendo el único lugar del mundo desde el que se han tomado medidas de este tipo durante más tiempo. En 1991, gracias a las donaciones recibidas, se abrió el pequeño museo dedicado a la historia de la astronomía y ciencias afines.

Placa conmemorativa. Foto: Paco Bellido
Placa conmemorativa. Foto: Paco Bellido

Disfruté mucho mi visita al Observatorio en 2011, por ello me entristeció enterarme de su cierre debido a la crisis. La Academia de Ciencias Sueca tomó la decisión de cerrar al público el Observatorio Real a finales de 2013. Mirja Hagar Lausson, responsable del museo, explicó en el blog Popular Astronomi que la situación económica de la institución había sido muy delicada en los últimos años. Algunos objetos de la amplia colección del museo se trasladaron al Centro de Historia de la Ciencia de Frescatihallen en Estocolmo, pero muchos otros siguen en el Observatorio y ya no pueden verse. Además de un interesante museo, la ciudad perdió un rico programa de conferencias, exposiciones monográficas y actividades de divulgación.

El "meridiano cero" de Estocolmo. Foto: Paco Bellido
El “meridiano cero” de Estocolmo. Foto: Paco Bellido

Para saber más:

SÖDERLUND, Inga Elmqvist. The Old Stockholm Observatory in a Swedish Context and an Argument for the Necessity of an Inventory of the Swedish Astronomical Heritage. Cultural heritage of astronomical observatories: from classical astronomy to modern astrophysics; Proceedings of the International ICOMOS Symposium in Hamburg, Oct. 14-17, 2008. Berlin: Hendrik Bäßler Verlag, 2009.

Popular Astronomi sobre el cierre del Museo http://www.popast.nu/2013/07/observatoriemuseet-laggs-ner-vid-arsskiftet.html

LOMB, Nick. Transit of Venus. 1631 to the present. NewSouth Publishing. Sydney, 2011

2 comentarios

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Oscar Manuel Ferro Oscar Manuel Ferro

Como siempre, Paco, hermoso el artículo. Pero no salgo de mi asombro al enterarme de que hayan tenido que cerrar un museo por problemas económicos ¡en Suecia! Si fuéramos a contar las crisis económicas, en Argentina mi país no debería quedar un solo museo con vida, ni para mostrarlo en un museo.

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